No me gusta cuando hace frío porque es como el fin del mundo. En el cielo solo se ven las nubes apretadas y negras y que se desplazan malignamente empujadas por el viento gélido e hijodeputa, es como la visión de Blake. A me dice que por la noche me saldrán chapitas y mi rostro estará congelado, dice que el viento sopla y se mete por entre las cobijas y dice “uhujuhu” mientras hace revolotear mis cabellos semidormidos. Imagino el sueño de Kurosawa, donde los pobres infelices están arriba de la montaña y la tormenta de nieve les quita las energías y les instala el sueño eterno y luego aparece un demonio-bruja que pretende llevarse sus almas despistadas con sus cabellos jodidamente largos como viento congelado que desmadra la piel y se lleva el calor en un instante. “No tengo miedo”, le digo a A mientras me arrebujo entre las cobijas, “no es de miedo”, me dice festiva, con su sonrisita amorosa y divertida, “¡es de frío!”. Y comprendo que necesito al menos tres cobijas.
Me gusta Roll With It Baby de Steve Winwood, una rola de 1988 que si estas drogado o un poco colocado, te pone a pensar en los pájaros y en las abejas mientras te dejas ir así todo sin complejos y sin emociones. Creo que tengo un problema. Quiero permanecer en un mismo sitio sin moverme y en realidad como si estuviera completamente congelado y fuera estatua de hielo o personaje festivo de carreras y tropiezos cuando la voz te aúlla: “¡encantado!” y las condenadas manitas desesperadas te alcanzan y te tocan y te aferran con sus rabia de recién nacido temeroso pero tambien urgente y deslumbrante. Y no puedo. Creo que la bruja de mil voces y de ojos fulgurantes me comió la lengua y me prendió fuego en el trasero condenándome a correr desesperado hijodeputa fulgurante deslumbrante floreciente animoso encabronado y engañoso para escapar de las miradas vigilantes amorosas complicadas y como carbones de fuego que te comen extinguiendo la esencia que palpita insomne y corre desesperada como sangre rebosante y llena de fuego por tus venas hinchadas y luminosas.
Hoy llegue temprano a tocar la puerta donde trabajo y me respondió la misma voz de siempre: son burbujas de jabón que te resbalan enfadosas.
Después me dejó entrar.
Trabaje nueve horas seguidas.
Cuando salí había oscurecido. La primera puta había llegado y me sonreía amistosa. Estaba en la esquina aun desolada con su sonrisa impermeable y su piel perfumada.
Ya era de noche.