Un día decides que quieres conquistar el mundo y comienzas a colocar tus piezas sobre el tablero. El mundo es el tablero. Te vuelves meloso y dicharachero. Aprendes chistes nuevos. Trucos complicados. Envuelves a tus coleg@s con promesas de resurrección. Con proezas y pirotecnias. Aprendes los saltos mortales. Los acertijos y las malicias. Estas desenganchado. Cuando la hermosa princesa de misterios inalcanzables y voz de ensueño se aparece le cagas a catorrazos. La mandas a tomar por culo apresurado para que deje el camino libre. Cuando el desenfadado se presenta reclamando los tesoros le mandas a la mierda. Te has vuelto demonio. Les desmadras con tu voz de fuego. Has decidido mandar a tomar por culo las avaricias y las envidias. Quieres conquistar el mundo y las promesas y los regalos te las traen floja. Al carajo los principios y las contemplaciones ¡A por todo!
La ultima vez que fume cigarrillos quede mareado todo el día. Prometí no volver a las andadas y tiré la caja de cigarrillos a la basura. No me gusta cuando me doy cuenta de que acabo de cagarla. Por una parte soy un cabrón afortunado. Por la otra me desanimo porque tengo que esperar a que se me pasen los efectos. Y aunque en el mundo de todos los días siempre hago alarde de paciencia y estoicismo, se de cierto que mientras escriba en este blog nadie se apresurara demasiado a reclamarme mis berrinches y desenfados.

Fumar cigarrillos es una putada. No volveré a coger un desgraciado cigarrillo aunque me vaya la vida. Tener adicciones es como maldecir en voz baja: nadie se da cuenta del daño que te haces a ti mismo hasta que te llevan al psiquiátrico con chichones y rajaduras.
La próxima vez estaré preparado.