
Una muy cool y desenfadada, con su mirada amistosa pero cínica mirándote desde el lugar principal, otra despistada y expectante sin decidirse a ponerse de pie para hacerte un lugar y dejarte sentar para contar todas tus aventuras, una mas con sus sonrisas y sus alegrías. Otra como espectro sonriente. Todas cuadernos usados de hojas maltratadas y amarillentas, sin fuerza en las voces para obligarte a rezar con amenazas porque debes cortarte las venas. Tu corazón les pertenece. Los festivales han cerrado sus puertas. La vida (esa hija de puta y arrabalera) no se anda con fingimientos. Explotas, te desmadras. Te usan, te rebajas.
Mírenme fulgurante repartiendo las entradas fingiendo torpeza y lejos de ser grosero.
No me quiero acordar de los malos tiempos. Cuando andaba hecho polvo fumando cigarros sin filtro. Leyendo libros prestados. Cervezas invitadas. Deberia de ser capaz de hacer un corte, digamos, de recuerdos. Parar y decir “voy a prender fuego desde aquí a todo lo que esta atrás”. Y prender fuego a todos los recuerdos innecesarios. Creo que de esa manera seria mas libre. Menos roñoso a la hora de mirar los precipicios. Mas valiente. Menos hijo de puta en suma.