Es un tornillo el que tengo en el omóplato. Recuerdo que cuando salí de la sala de operaciones y desperté el pinche hueso me dolía que te cagas y era un dolor interno intenso e inaguantable (agh). Me dolía y yo nada más decía (gritaba) “me duele, me duele”. Entonces que llega una bruja gorda fea y vieja con tamaña jeringota amarilla y que la inserta en el tubito del suero que tenia conectado en el brazo. Algo tenia la jeringota porque fue cuestión de que la hermosa enfermera soltara la orina en el tubito para que un calor incomprensible subiera desde los pies hasta el pecho: la espalda donde me dolía que te mueres. El calor llegó y se llevó el puto dolor en menos de medio segundo. Naaaah. En muchísimo menos. No tengo poderes cronométricos (aún) (jijeje) pero neta que fue como llegar y decir “al diablo maldita sea” y llevarse de inmediato el dolor.
Esa era una superdroga.
Quiero más.