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mono

Hablar de mi. Como mono bilingüe y atrabiliario.

Leo en diferentes blogs el asunto de “los enlaces”. Que si aquel pone un enlace para que tu lo enlaces, que si eso es bueno, que si todos somos una panda de interesados envidiosos y acomplejados cabrones ansiosos por las visitas y todo ese puto rollo abrumador de las pendejadas gratuitas y tal.

Por mi parte me descubro lejos de esos escenarios de odio envidia rencor y patéticos intentos de saberse aplaudidos. Que les den a todos menos a mi y a mis amig@s, jeje.

Yo pongo un enlace porque re-de-pente descubro que me han enlazado y ESO me da un montón de gusto, me muero, neta. Digo, tan simple como eso. Para mi es como decir ¿quieres ser amigo? y enseguida ponerme la mano sobre el hombro y comenzar a contarme cosas y platicar y hacer de todo esto algo cálido y amistoSo y …. digo, alGo menos mierda, vistas las relaciones humanas actuales en este mundo tan puñetero (tres veces) como el solo.

Es que acabo de descubrir un enlace a Nueces en Simultáneo.

(¿alguien vio que actualice la sección de enlaces y la de contacto?)
(bueno, nada más decía)

perro

El firus era un perro cabrón. Un perro viejo pero cabrón. Te mordía si te apendejabas. Te mordía si ibas cuidándote. Te mordía de todos modos. Era cabrón de todas formas, de mil maneras. Acosaba a las perras. A todas las perras. No las dejaba en paz hasta que lograba su propósito. Mordía a los niños de brazos y a los borrachitos, mordía a las señoras con su bolsa del mandado y al lechero con sus botes y sus bicicletas. Se comía a los gatos y a las ratas, se comía conejos vivos y hasta clavos traGaba.

El firus estaba viejo pero era un piduCo. Era perro callejero, perro corriente y vulgar, perro ordinario y casi como rata de alcantarilla (pero rata gigante), feo y mugroso y peludo con pelos largos y descoloridos y de cola desgastada.

Un día el gandalla se murió y toda la gente se puso triste: el firus con toda su agresividad y violencia defendía a todo el vecindario de los ladrones y los malhechores, de los vagos y los delincuentes. Cuando se murió todos nos quedamos indefensos.

Pinche firus.

bellaCo (I)

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. Estaba lleno de sillas. Había grandes casonas de tapias viejas. bellaCo caminaba altanero entre las sillas. Cuando estaba cansado, grosero, montaba una y con la mirada perdida, se ponía a descansar. Si quería dormir entraba a las casas para protegerse del frío. En ese planeta perdido nadie se atrevía a exigir. Las sillas conjuraban entre cuchicheos planes irrealizables. Las casonas oían tales planes y continuaban impasibles en su eterna inmovilidad. Un día la silla sobre la que bellaCo descansaba estornudo. En un acceso repentino de furia bellaCo hizo pedazos la silla y, no satisfecho, destrozo casi un centenar de ellas. Cuando hubo hecho esto, entro a una casona y cayo presa de un profundo sopor. No escuchaba el estridente conciliábulo entre las sillas. Acicateadas unas a otras, concluyeron que necesitaban un héroe (o un sacrificio). No podían entre ellas matar a bellaCo porque no tenían manos. Solo tenían cuatro patas y un rígido respaldo. Una de ellas sugirió que descoyuntándose podía despachurrar a bellaCo entre el asiento y el respaldo.

Era una maniobra loCa. Y pareCía que lo intentarían.



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