Cuando se necesita echar una mano a las paredes porque ya están muy maltratadas y se caen de manchas y abolladuras compro un galoncito de pintura. Es fácil ponerse manos a la obra. Primero se necesita orden. Después puedes proceder. Debajo de la cama no hay nada, ya lo mencione en
otro post. Esa es la premisa: lo que no sirve a la basura. Si necesitas algo lo puedes comprar después, así que tira a la basura esa bocinita que arrancaste a la vieja grabadora, tira a la basura esos audífonos viejos que nunca usas. El espacio que te rodea debe estar limpio y despejado. Separas la cama de la pared, separas el mueble de los libros y el escritorio. Y entonces: a darle. Vale, tienes tres cubetitas, digo “cubetitas” porque deben ser recipientes chicos: rebajas la pintura con agua, condimentas y tal.
Pintar las paredes es sencillo, la brocha debe ser nueva: un consejo: cuando la acabes de usar la tiras a la basura, lo que no sirve ¿para que lo guardas?, después, cuando necesites una brocha, vas y compras una nueva.
Con tu brocha nueva pintas las paredes ¿de qué manera? de la manera mas sencilla, déjate ir, dale de arriba para abajo y el ritmo vendrá en tu auxilio, todo es natural.
Al final todo aparecerá decente, sin garabatos en la paredes ni leyendas del tipo: “aquí estuvo su mero padre cabrones”.