Llovía entonces y deje de hacer lo que hacia para mirar hacia arriba, hacia el techo de laminas. Fui a por una cubeta naranja para recoger el agua de la más grande gotera. Luego seguí con la cabeza hacia arriba. Me tape los oídos. El sonido era agobiante. Los destape. Los tape de nuevo. Mirando las laminas que temblaban y sudaban gotas frías, mirando las goteras como chillidos lastimeros entonces sucedió.
Deje el juego de tapar y destapar los oídos para escucharlo mejor. Era un lamento, un lamento. Era un jodido lamento que se escuchaba con el escándalo de los granizos y las laminas. Pensé que me estaba dejando ir. Mire a mi alrededor para saber si solo YO lo había escuchado. Nadie pareció advertirlo. Mire las laminas y ahí estaba: ¡el puto lamento de la tormenta!
Era como un aullido muy cabrón, un aullido como entre piedras, como si arrastraran a alguien por un camino pedregoso y ese alguien estuviera siendo violentado con las piedras del camino y entonces al escuchar ese lamento me imaginaba sangre escurriendo por las piedras y el camino estaba encharcado y negro y lleno de piedras filosas y no se podía ver con detalle porque las piedras saltaban y la sangre y el agua y los putos granizos como piedras gigantes caían escurriendo goterones y haciendo un escándalo de su puta madre mientras el aullido se soltaba.
Comencé a asustarme de verdad. Me iba a poner a chillar cuando lo escucharon por fin ¡Era la puta vecina de a lado que estaba gritando! Asustada por la feroz lluvia y completamente sola en la casa de a lado, había decidido ponerse a dar aullidos de terror contra la lluvia que a cada segundo caía mas fuerte y la tenia en estado de animal asustado y casi muerto.
Al regresar, por la noche, ahí seguía tirado, le arrime galletas remojadas y lueGo me fui a dormir. Supongo que no le dieron tan duro, digo, porque después de tres días ya estaba bien. Le bautice como jiCote y le acomode una caja de madera.
Ahora ya esta algo viejo. Se lo pasa en la azotea persiguiendo gatas y comiendo ratones alimañas y demás chingaderas. Se madrea a los demás gaTos del edificio (es venganza, supongo) y casi no duerme en el departamento. Me dan ganas de agarrarlo a patadas pero lo dejo.