Me voy a volver huraño y resentido. Hijo de puta.
Soné que estaba caminando entre las calles y me encontraba con una aparición muy cabrona que plañía mi atención y mejor le daba la vuelta y prefería ignorarla y seguía mi camino.
Pasaba por un salón de fiestas donde podía entrar porque las puertas estaban abiertas y nadie me decía nada, era como un auditorio gigantesco con luces y gente y cantos y desmadre y justo cuando llegaba empezaba a sonar muy de poca madre la de copa tras copa botella tras botella del legendario (jejeje) pedro infante y juro que en mi jodido sueño me ponía a cantar porque el volumen de la música era absorbente los mariachis en mis oídos y los gritos y toda la gente cantaba y yo con ellos: “ando borracho mas lo bueno es que no caigo pos me sostiene la fuerza del orgullo, tu que dijiste este ya lo traigo herido, ¡nunca en la vida tus ojos lo verán!”
Luego me salía de ahí porque todos se volvían locos y hacían una quemazón del desmadre que se traían y volaban miles de cohetes estridentes y era peligroso y mejor me decía, venga dale capullo hijo de puta, mejor sigue tu camino.
Y seguía mi camino y me iba por las calles y trataba de regresar al punto inicial donde había empezado mi sueño pero entonces, como decía, me encontraba con esa aparición cabrona y ahí estaba yo evitando encontrármela y recorriendo las calles nocturnas de esa ciudad desconocida donde me hallaba soñando.
Cuando hundo mi cabeza y abro mis ojos todo alrededor es azul y puedo ver tu silueta en lejania. Burbujas por todas partes. Ondas calidas atraviesan mi cabeza mientras aguanto la respiracion. Es como un sueño donde no puedes caminar o despertar o gritar o levantar la mano hablar decir algo cualquier cosa para que volteen a verte y sepan que estas presente. Entonces extiendo los brazos y me sacudo. Pez en el agua. Y comienzas a acercarte.
Mis pulmones explotan y mis brazos te alcanzan
El otro día estaba jugando a que me escapaba de la casa. Siempre juego a que me escapo de la casa. Pero nunca antes como el otro día. Había oscurecido y todos estábamos mirando la televisión. Como siempre dejamos abierta la puerta de la casa, pensé, mientras estaba sentado en el piso frente a la televisión, que tan solo me bastaba levantarme y salir y al instante siguiente estaría fuera. Nadie me va a extrañar. Me largo de aquí y ya. Otra cosa. No tenia un suéter ni monedas en la bolsa. Tampoco tenia hambre. Lo único que me detenía era esa jodida oscuridad que gruñía debajo de la puerta. Teníamos la luz prendida y en la caja tonta los comediantes disfrazados de inocentes contaban chistes anodinos mientras mi cabeza merodeaba las posibilidades. No quería estar en casa. Me sentía culpable (no recuerdo que había hecho) (y pensaba que lo mejor era tomar la iniciativa y largarme antes de que me echaran a patadas por haber arruinado Lo Mejor) (no recuerdo que diantres era Lo Mejor). Pero ahí estaba yo, inventando disparatados universos mentales mientras fingía mirar en la televisión el fantástico programa semanal (por todos esperado) de las 8 de la noche.