Nux fulguris

El beso (recuerdo)


Va nuevo texto.

Era un patio como del tamaño de una cancha de tenis (ahora así me parece), en un día soleado, supongo que mediodía: la luz caía sobre las cosas instalando una sombra sólida y oscura que contrastaba con los iluminados alrededores. Había una fila de niños casi enfrente de mi, no se por qué estaba ahí esa fila de niños (ahora que escribo esto me llegan así como recuerdos o como imagines demasiado lejanas en donde la maestra se halla en un extremo de la fila, el extremo que sale de la pared. Los niños esperan su turno con las manitas preparadas: allí donde la fila empieza la maestra corta uñas, pero seguro son unas tijeras chicas y no cortaúñas lo que la maestra tiene en las manos, unas tijeras a primera vista inofensivas y pequeñas, adecuadas para la delicada labor que pacientemente ella ejecuta), pero tampoco se por qué no estaba yo formado en esa fila de infantes ¿Habian acabado ya conmigo acaso? Mcht, no lo se. Va un diBujo-diaGrama:

Ese es un plano del patio que recuerdo. M es la maestra (aunque la verdad no me acuerdo si había allí una maestra, creo que no, creo que si), F es la fila de niñitos. E es la niñita y Y soy yo. La rayita desdibujada que se ve en la parte superior del extremo derecho es (recuerdo) la salida del patio, allí había un pasillo ancho que llevaba hacia la recepción o la entrada del jardín de niños y hacia las estancias donde se cuidaba a los bebes y a los niños mas chiCos. Tal vez la razón por la que la Maestra me evade es que ahí donde ella estaba, en ese lugar del muro en el patio, digo, ahí había una puerta, había dos puertas en realidad que constituían la entrada a dos grandes salones, es posible que la Maestra estuviera dentro de un salón sentada en una sillita frente a la fila de uñas, de niños digo. Estando ahí, dentro, no soy capaz de ubicarla, la distancia es extrema, el recuerdo vago e impreciso, agh. Estaba verónica y su prima beatriz y también otro niño (¿luis?) y más y más (mmjmmjjj) chamacos. Si me pongo a recordar fallo miserablemente y a lo mejor estoy inventando nombres y presencias, y es posible que esa no sea Chela, la maestra, y si sea un maestro de cara bonachona y un poco afectada o que no sea verónica y si brenda, no luis y si toño o pepe o chucho o quiensabequiensea. El caso, lo que nos ocupa, esta allí enfrente, en esa E que no es N de Niñita sino que es E de Ella y no se porque sigo sintiendo este pendejo impulso de besar nada mas la veo por unos instantes, así levemente, como quien se descuida y mira algo, como quien dice cosas sin importancia, así inofensivamente, tal vez una nube que atraviesa el cielo y no se atreve a ocultar al sol, mas bien lo acaricia (¡o lo quiere acariciar!) con sus orillas de suaves concentraciones etéreas, qué se yo, digo, que ese impulso me quedó desde infante desde tarugo mocoso y ahora es imposible sacarlo fuera de mi que si es Marisol o Claudia o Mónica, lo mejor es de que no dejemos que a nuestro alrededor los demás nos pierdan de vista o que no nos permitamos un segundo solos porque el impulso aparece y entonces todo sucede igual que como se dice hola, así de fácil y tal. Vale, volviendo el recuerdo: que allí enfrente de la fila de niños, supongo, espere el momento en que, según yo, nadie nos veía para voltear a ver a la niñita y tomarle (un segundo, un instante como detenido allí en el tiempo) su carita entre mis manos —unas manos como de gato recién nacido, como de perro flaco y un poco nervioso— e instalarle un beso no se si en la boca o en el cachete o la verdad donde le cayera ese beso genuino y un poco un mucho apresurado. Que la beso y que la dejo allí. Ya no me acuerdo de lo que paso después. Que ahora que lo analizo y lo recuerdo y hago intentos todos frustrados para acercarme más pues que me imagino que lo demás ya no lo recuerdo porque a lo mejor tengo miedo y lo que a continuación me paso es malo y de seguro no lo quiero recordar (porque me avergüenzo y eso) que la maestra de seguro me descubrió y levantándose de donde empezaba la fila me tomó de la mano no sin antes abofetearme indignada para llevarme a un salón vacío y dejarme en un rincón vuelto hacia la pared para llamar a mi mama (fua!) y ponerla al tanto de mis groserías y abusos y majaderías incluidas.

^____^ Eso merecía, en realidad.

Pero la neta que no me acuerdo de lo que paso después y hasta allí (hasta después del beso) llegan mis recuerdos nada mas.

a caLLar

Lo mejor de los niños chicos es que si les das lo que quieren se callan la boca. Digo, si están insistiendo con esa característica suya tan agoBiante entonces vas y les dices: anda ve a comprar un dulCe. Y les das una moneda. Entonces se ponen contentos y se callan la boCa. Y hacen lo suyo y se embarran la cara o se llenan las manos de grumos pegajosos. Pero se quedan callados. Luego ya, cuando incómodos comienzan a dar berridos, les acercas una cubeta llena de agua y les dices, anda lávate las manos ahí. Y se callan de nuevo. Es fácil hacerse carGo de un mocoso. Fácil que te mueres.




Niñita. El diBujo es de Bycho.

Despertar

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Entonces bellaCo salió corriendo de aquella casa. El caballo estaba afuera bajo la luz de aquella mañana fría cuando aquel bandido lo montó de un salto. Fue un salto violento. Y después la carrera. bellaCo se perdió en la lejanía soltando balazos y gritando “A un lado, hijos de puta!”. Le gritaba a los cerdos y a las gallinas que asustados corrieron a protegerse.

Corrió y corrió devorando kilómetros sobre aquel caballo salvaje. Atravesó tres villas donde repicaban las campanas llamando a misa. Con gente despertando en aquélla mañana iluminada.

Fue la desesperación la que le hizo olvidarse del caballo. Entonces, cuando llegaron al riachuelo aquel, el caballo se negó a seguir. Tenia espuma en la boca y parecía un demonio con los ojos rojos y paranoicos, agotado y casi muerto. Con un relincho violento tiro a bellaCo para beber agua.

—Hijo de la chingada, le grito el bandido.

Y echo a correr aterrado.

Había soñado con una sombra negra, un besuqueo ininterrumpido con la mujer mas hermosa que jamás había visto, un vuelo agobiante sobre un bosque de árboles que llegaban hasta el cielo. En aquel sueño encontraba monedas de oro en los lugares mas inesperados y se las guardaba codicioso. También soñó con cantos lejanos, como murmullos, como el sonido de un riachuelo. Luego el sonido crecía y crecía y de repente se volvía un escándalo que le hacia abrir los ojos muerto de espanto. Pero entonces se daba cuenta de que estaba dormido y de que habitaba un sueño. Y no podía despertar. Y el ruido en todo a su alrededor seguía y seguía.

Entonces despertó.

Y salió corriendo.

Con las monedas de oro en los bolsillos y los labios de la mujer sobre su rostro pálido.




¡Despierta hijo de puta!



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