Si yo fuera ratón me comería todo el queso. Sin dudarlo un momento. Me comería todo el queso. Aunque demorara toda la noche. Porque me daría miedo andar con la luz del sol, merodeando los rincones: demasiada gente, demasiadas voces, gritos, pasos. Sería tan diminuto que cualquier pisotón podría acabarme, hasta el mas descuidado. Y no importa que fuera como demonio fugaz escapando del peligro, corriendo pegado a las paredes, con mi cola volando, desbordado y escapizo: tarde o temprano me pescarían.
Como ratón tendría mucho miedo a los gatos, sus ojos melosos, de engaño, luminosos y de colores infinitos, como visiones que marean y hacen vomitar.
Me comería las migajas que la gente deja olvidadas en los rincones y me subiría a los sillones a buscar comida. Llegaría hasta arriba de las mesas y devoraría de los platos y de los postres.
Y luego si, me comería todo el queso. Sin compartirle a nadie. Haría engaños y trucos para escapar de las trampas. Me llegaría de noche a las alacenas y a las mesas para comerme todo el queso. Me lo robaría para llevarlo a las madrigueras y comérmelo solo. Sin compartirle a nadie. Si quieres queso consíguete tu propio queso, aullaría con aullidos de ratón a quien quisiera robarme mi queso.
Me comería mi queso y luego dormiría soñando que no hay gatos ni pisotones ni dificultades.
Acabo de ver en la televisión, las noticias por televisión -cuando es de mañana me despierto y me pongo listo para irme al trabajo. Pongo la televisión y la veo mientras desarrugo mi ropa. Pero antes busco algo para comer. Siempre hay pan. Busco algo para comerme con el pan, o queso o algo. Casi no me gusta el café porque me pongo paranoico. Me tomo una coca con el pan con queso, antes tomaba leche pero ya no compro leche, siempre que iba a comprar leche se me antojaba un cigarro y compraba cigarros. Me fumaba un cigarro mientras me tomaba la leche, así no me mareaba tanto. Pero desde que decidí dejar de fumar ya no compro leche- pero decia que en la televisión acabo de ver, mientras desarrugaba la ropa, imágenes de un trailer que chocó y se descompuso en una vía rápida de México DF la capital: periférico y viaducto, había melones por todas partes, el trailer iba cargado de melones y cuando se choco todos los melones se cayeron y rodaron por todas partes y unos se desmadraron pero la mayoría estaban sanos y salvos y ahí nada mas estaban regados. Pero las imágenes que pasaban por la televisión dejaban ver a la gente y a los policías y a todo mundo agarrando melones y comiéndoselos. Había gente con 20 melones que había juntado y aunque no tenían donde llevárselos los habían juntado y se los andaban comiendo aunque apenas eran las 6.30 de la mañana pero ya estaban despiertos ahí en una vía rápida de México DF la capital juntando melones y riéndose y con las caras de sueño y juntando melones. Había un bombero que estaba arrimando los melones regados en la calle a una banqueta y era una montaña de melones los que ya había arrimado a la banqueta y la gente nada mas veía al bombero que juntaba los melones y a ratos el bombero les aventaba melones a la gente que lo miraba y la gente se juntaba mas melones y el bombero se los pasaba, se los aventaba, mientras el trafico en una mañana entre semana en la ciudad de México se volvía infierno, caos total porque el trailer chocado y los melones regados interrumpían el flujo vehicular.
Quiero un melón.
Este mes se cumplen siete años de cuando me tiré del quinto piso. Me tire de un quinto piso y me quedé en coma dos semanas en el hospital. Y luego ya me pusieron un tornillo en el omóplato porque me había roto el brazo. Eso fue un intento de suicidio muy fastidioso. La verdad. Cuando desperté en la cama de hospital, después de la operación, fue cuando tuve la visión esa. Tuve tres visiones mientras estuve en ese hospital. Y cuando me regrese a mi casa estuve deprimido tres meses consecutivos. Casi ni hablaba ni me movía y a veces me despertaba aullando en mi cama. De vez en cuando me asaltaban los pensamientos positivos, del tipo: ya estas muerto, te tiraste del quinto piso y te moriste y todo esto que sucede es extra, qué caso tiene tener miedo, ve a por todo, ya no tienes nada que perder, estas muerto.
En estos siete años me han sucedido un montón de cosas. Tirarme de ese edificio cambio mi punto de vista. Al principio si
estuve en coma existencial. Pero luego decidí que ya nada podía tocarme. En realidad nunca defendí la tesis esa de que la vida es
una mierda. Mi depresión no era del tipo: nadie me comprende y no entiendo las complicadas relaciones del mundo y la vida y ese
tema. (“La vida es una mierda, y luego, además, te mueres”). En todo caso la mierda era yo. La depresión simplemente sucedía
(sucede). Regresaba yo, por ejemplo, de la universidad y subía al colectivo, no había gente, me sentaba a la mitad del pasillo
y entonces el vehículo arrancaba y la luz de la media tarde entraba por las ventanas y la gente subía ora bajaba y todo era
cálido y entonces pasaba: la luz entrando por la ventana, la sombra de los árboles: el vacio, era la depresión. Se me echaba
encima en un día soleado después de estudiar toda la mañana en la universidad, siendo simpático: al regresar ahí estaba yo:
sintiéndome un completo extraño en una realidad vacía y engañosa, un mundo sin sentido donde nada tenia razón de ser y
donde se adivinaba la tormenta y donde solo se escuchaba el caer de la lluvia, la lluvia, esa jodida lluvia del A hard
rain’s a-gonna fall de Bob Dylan. Para mi siempre ha sido así.
Un día estaba durmiendo, recuerdo que estaba en preescolar, y estaba durmiendo y el sueño era como una visión de esas llenas de detalles y al mismo tiempo mágica y confusa y estaba soñando que bailaba y entonces todo adquiría velocidad y se descomponía y en medio de un sonido terrible todo se me echaba encima: todo se convertía en un laberinto veloz que se oscurecía oscurecía oscurecía y el sueño me invadía y me apretaba y me sofocaba. Era la sombra negra. Se me echaba encima y me despedazaba.
Otra vez, otra tarde, estaba en mi casa y sin motivo ni razón aparente (pero ya estaba en la primaria), me agarraba una tristeza infinita. Esa vez me solté llorando en mi cama. Y aullé, en verdad aullé, y llore toda la tarde sobre mi cama y nadie sabia qué tenía ni qué me pasaba y todos estaban confundidos y asustados. Pero yo solo lloraba y aullaba porque estaba triste.
Así que después del ataque-depresivo-post-intento-de-suicidio todo se sucedió de manera espontánea y natural: un día salí a la calle y me deje llevar y sin proponérmelo regrese a la universidad; y luego pasaron los días y las semanas y los meses y me di cuenta de que las cosas eran distintas porque casi terminaba la carrera y me había conseguido un trabajo y aunque seguía deprimido ya no me hacia caso (a mí mismo) y simplemente seguía adelante estudiando y trabajando y pasando de las noches hostiles. La premisa fue que ya no tenia nada que perder, que ya estaba hecho polvo y muerto y desmadrado y que lo demás ya no importaba. Entonces me volví un capullo desinteresado apático indolente y despreciable (y trabajador) (porque el desinterés y la apatía eran hacia mí mismo, deje de pensar en mí mismo y deje de agobiarme con ideas del tipo “soy un pobre infeliz hijo de puta”, deje de masturbarme mentalmente y deje de hacerle caso a mi eterno dialogo interno que desde el principio me había traído agobiado y vuelto mono bilingüe y atrabiliario, es decir, siempre pensando en MI mismo y en lo infeliz que YO era y en lo injustos que eran todos porque no comprendían lo que YO valía). Y así es como he llegado hasta aquí.
En fin.
Lo Mejor De Todo es la cicatriz que tengo en la espalda, que baja desde la parte superior y que mide quince centímetros (es como si me hubieran arrancado un ala y yo fuera un ángel de esos que salen en las películas con su áurea mágica y un puto demonio odioso me hubiera puesto una súper golpiza y me hubiera arrancado mi ala voladora). La experiencia esa, tambien, del dolor miserable que sentía al salir de la operación y la súper droga celestial que me pusieron y que se llevo el dolor en fracciones de segundo. Las súper visiones del hospital que, en cierta forma, han dictado el camino que hasta este momento he seguido.
En realidad, creo que he estado en un permanente estado depresivo durante estos siete años. Permanente. Y aunque ya paso todo y he estado viviendo tiempos extras desde que me tiré del edificio ese, últimamente me pregunto histéricamente del propósito de todo esto.
En fin, dije arriba. Han pasado siete años y ahora y las cosas no van mal. Tengo muchos amigos, online y en la vida real. Tengo un trabajo y trato de no agobiarme tanto. Echo mucho desmadre, eso es antidoto. Tengo un blog, tengo a fulguris. Claudia se fue a tomar por culo pero eso me la trae floja. Ya le escribí su súper historia y ya fue. Ya fue digo, Claudia ya fue. Y aunque la jodida depresión permanece, yo paso de ella. Continuamente.