Cuesta mucho trabajo desenredar el lio que una vida entera va dejando a su paso. Por mas que te lo propongas y la necia cabeza tuya que lleva el control se repita incesantemente que no es tan complicado mientras se queda sentada mirando como el tiempo desaparece con un suceso y otro, y otro mas, que no dejan huella, que no recuerdas, que no parecen nunca haber sucedido. El enemigo eres tu mismo, por lo visto. O ese tu que lleva el control y que escribe estos renglones inseguros. Existen exorcismos, escuche recientemente.
Esa debe ser premisa inicial: quien escribe todo esto no soy yo sino el mono pusilánime y cobarde, odioso y cruel, necio y miserable. O no. Estoy tan habituado a la voz de mando que no comprendo, pese a que son las tres de la mañana y escapé del sueño sudoroso (los descubrimientos, la salud, el cielo límpido y azul de mediatarde mientras paseamos en los pasillos del museo, mientras bebemos del grifo y nos maravillamos por los prodigios y la vida eterna) que es otro el que escribe.
Voto por lo segundo.