Una muy cool y desenfadada, con su mirada amistosa pero cínica mirándote desde el lugar principal, otra despistada y expectante sin decidirse a ponerse de pie para hacerte un lugar y dejarte sentar para contar todas tus aventuras, una mas con sus sonrisas y sus alegrías. Otra como espectro sonriente. Todas cuadernos usados de hojas maltratadas y amarillentas, sin fuerza en las voces para obligarte a rezar con amenazas porque debes cortarte las venas. Tu corazón les pertenece. Los festivales han cerrado sus puertas. La vida (esa hija de puta y arrabalera) no se anda con fingimientos. Explotas, te desmadras. Te usan, te rebajas.
Mírenme fulgurante repartiendo las entradas fingiendo torpeza y lejos de ser grosero.
Por otra parte, y siendo honestos y tal, creo que la insensata pero saludable y hasta cierto punto bendita inconsciencia que hasta el momento me ha caracterizado, ha servido para, si saltamos de un movimiento al abismo, sobrevivir en medio de borracheras y aquellarres, y, si nos quedamos paralizados mirando los ojos de la bruja, conseguir todo lo que necesito sin demasiadas y confusas complicaciones todas, sin duda alguna, estériles y desgastantes. Ahorrémonos explicaciones. Pedí comal caliente con costilla asada y me trajeron un plato humeante para envidia de pordioseros y hombres de negocioso. Dicté lecciones señalando alegremente el listado de regalos y golosinas para no pasar por simple ni desinteresado. Ordené la cuenta con mi voz paciente y recibí atenciones y cuidados. Habité lugares comunes con desenfado y sin cavilaciones, tampoco sin demasiadas pretensiones ¿Os gusta que haga el medio loco? Saldremos a la calle desolada donde la gente corre apresurada esquivando los edificios que caen en el infinito cataclismo que se sucede día tras día y pediremos el taxi que les lleve a casa. Será un día nublado y nos cubriremos el rostro para protegernos de los gases tóxicos, del polvo y de la triste desolación que invade todo. Les alcanzaré unas monedas y les veré subir para, después, ver cómo se alejan apresurados perdiéndose en lejanía entre montones de polvo en un día gris gélido y destruido.
El fin de semana andaba triste y cabizbajo porque me habian mandado a paseo por desinhibido y enfadoso. Pensaba que lo mejor era desconectar y dejarme ir en el flujo de los acontecimientos antes que ponerme a reflexionar y a pensar en las cosas que me habían llevado hasta ahí. El problema es que llamamos “reflexionar” a masturbarnos mentalmente y a padecer histéricamente acerca de lo que debimos haber hecho y nunca hicimos y por eso pensamos que la puta vida injusta y arrabalera nos esta tratando mal y nadie nos comprende y tal. Así que decidí no “reflexionar” y si dejarme ir y mejor desconectar. Que me acerco a La Muñeca como perro apaleado aun meditabundo y desagradecido cuando vi a Prescistias Pebiceé echando desmadre en lo suyo toda fulgurante, exuberante, desinhibida y tope presuntuosa. Yo me acerque y pedí neGra modeLo y lueGo comprendí que todos estaban atentos a la jodida televisión porque en la pantalla había un clásico de fútbol y creo que era emocionante y divertido porque estaban borrachos y peleando con sus sonrisas, unos, y con sus caras de enfado, los otros. Me hubiera quedado al aquellarre de botellas rompiendo y volando y a los golpes y los berrinches pero afuera me dieron ganas de meterle mano a Prescistias Pebiceé y me largue y andábamos platicando y me dijo después de tres besos que fuéramos al Castillo del Abuelo. Me dijo que iría su amiga y que me esperaban pasada la medianoche en el California enfrente de los Multicinemas los Reyes. Quedo de marcarme y me dijo: “es que no tenemos dinero ves” “¿Y por eso me agarras de pendejo para que pague los tragos no?”, entonces sonrió y me dijo que si y a mi me encantaba la idea porque hacia tanto tiempo que no andaba de nuevo On the Road echando desmadre y metiéndome en pleitos de cantina y rompiendo botellas y bebiendo tragos largos de cerveza fría.
Para no hacer el cuento largo, después de quedar de acuerdo, entré a La Muñeca a por otra cerveza y me di cuenta de que el Fidencio andaba dándose en la boca con otro mas grande que lanzaba golpes al infinito sin darse cuenta de que el infinito le arrancaba los cabellos a mordiscos rabiosos mientras se le cagaba de risa en la cara. Salí de ahí en dirección a casa para conseguirme dinero y darme un baño. Apenas eran las diez de la noche y el Castillo del Abuelo me quedaba un poco lejos.
Llegue justo a a la media noche a los Multicinemas Los Reyes. Cuando dieron doce y media me desesperé porque Prescistias Pebiceé no marcaba. No marcó y entonces dio la una de la mañana. Una jodida patrulla me había detenido y casi me suben porque dijeron que yo era sospechoso. Mejor me regrese. Triste y cabizbajo, reflexionando, esa hija de puta me las va a pagar.