La ultima vez que fume cigarrillos quede mareado todo el día. Prometí no volver a las andadas y tiré la caja de cigarrillos a la basura. No me gusta cuando me doy cuenta de que acabo de cagarla. Por una parte soy un cabrón afortunado. Por la otra me desanimo porque tengo que esperar a que se me pasen los efectos. Y aunque en el mundo de todos los días siempre hago alarde de paciencia y estoicismo, se de cierto que mientras escriba en este blog nadie se apresurara demasiado a reclamarme mis berrinches y desenfados.

Fumar cigarrillos es una putada. No volveré a coger un desgraciado cigarrillo aunque me vaya la vida. Tener adicciones es como maldecir en voz baja: nadie se da cuenta del daño que te haces a ti mismo hasta que te llevan al psiquiátrico con chichones y rajaduras.
La próxima vez estaré preparado.

De regalo de cumpleaños amanecí en un parque.
Pase la noche del viernes con mi novia, fuimos a cenar a Chilis y terminamos ahitos. Pasamos del postre, unos deliciosos pastelillos esponjosos flotando sobre la más extraordinaria nieve de limón que jamas habíamos visto. Pero soplé a las velas. Después Yuya me dio la dirección del nuevo hosting de regalo ¡este hosting!
Cuando dieron las 11 de la noche la dejé en su casa y me fui corriendo a las Grandes Celebraciones.
En la muñeca apenas empezaba el aquellarre. Habia putas en el callejón y entre las mesas. El zanca Fidencio me regaló un teléfono celular Sony Ericsson. Yo estaba mareado. Gregorio el cantinero me felicitó con abrazos y cerveza frias. Marisol se acercó melosa y me dio dinero. Pedi tragos para todos. Luego pusieron a The Hives y pense que las cosas no podian ir tan mal si apenas empezaba el año y yo me encontraba en medio de las risas y los festivos. Cuando dieron las cuatro de la mañana se armo una pelea y todas las mesas quedaron rotas. Nos fuimos a la casa de Marisol. En el parque de la bombilla Fidencio volvió a insistir para que le devolviera el celular. Peleamos de nuevo.
Ya estaba amaneciendo.
(Con esta entrada-ficción comienza el nuevo ciclo en el nuevo hosting. Con cambio de nombre en el blog –Nueces ya fue-, con cambio de nombre de dominio e imaginando nuevos proyectos, haciendo nuevos planes. Proyectos pendientes. Muchos proyectos pendientes. Algunos blogs colaborativos e invitaciones para formar mas blogs individuales -acercate, da señales de vida, mandame un mensaje-, con nuevas amigas y amigos ¡a comentar mucho!)
En los barrios de Mexico DF, la capital, las fiestas de diciembre empiezan el doce de diciembre con lo festejos a la virgen de Guadalupe, después, el 16, empiezan las posadas.
(Era tanta la algarabía y el relajo que decidí tomar un trago. Supongo que había pasado demasiados días portándome bien. Fue cuestión de empinar la botella para comenzar a marearme. Luego comencé a bailar. Sin darme cuenta pedí más tragos. Eran las once de la noche cuando alguien dijo, “ese ya ni puede bailar mas”. Lo siguiente que recuerdo es que el cielo estallaba en explosiones lejanas. Explosiones luminosas. Cohetes. Yo despertaba, estaba en mi cama completamente borracho, mientras escuchaba que los mariachis cantaban las mañanitas y luego cielito lindo. Las explosiones continuaban y yo me quería levantar. Pero no podía. El cielo estallaba con explosiones festivas iluminando todo alrededor mientras los mariachis seguían y seguían en mi cabeza alcohólica, despistada, somnolienta y echa polvo).
Hoy por la mañana subí al taxi para llegar al trabajo. Estaba mareado. Temprano, al abrir los ojos, la luz del sol entraba por la ventana, yo necesitaba un trago de cerveza, y el enfadoso despertador sonaba desesperado para que despertara. Pero ya había despertado. Entre a la regadera.
En la calle llegue al sitio de taxis y subí. El taxista me platicaba que este año no hicieron festejos al altar de la virgen del sitio porque nadie se puso de acuerdo. Estaba enfadado y me miraba por el retrovisor. Dijo que la cooperación fue voluntaria y que nadie tuvo la voluntad de nada. Tan solo tocaba de ciento cincuenta pesos, maldijo. Y comprendí que hubiera sido de puta madre que los pinches taxistas se hubieran puesto de acuerdo. En el sitio de Miguel Ángel de Quevedo y Pacifico. Con los mariachis a medianoche, a mitad de la calle, tocando a todo y aullando “Ajuua!”, con los taxistas empinando las botellas de cerveza e invitando a los casuales. Que ganas me dieron que hubieran hecho fiesta. El taxista me contó que solo habría una misa en el altar de la virgen. Al mediodía. Pero que el año que entra obligarían a todo mundo a cooperar para hacer un gran festejo. “Como merece la patroncita”, dijo.