Nux fulguris

Categoría La luz del sol

Juntos



Justo había empezado diciembre cuando vio aquella piñata de pescado azul. Se detuvo para verla mejor: era una piñata diminuta de color azul. Algo así como un nemo malhecho y deforme. Pero tenia su chiste: lo habían abombado y sus ojos saltones aparecían simpáticos, además presumía una sonrisa estúpida ingenua y demasiado boba. Le gusto tanto que lo compró sin pensárselo demasiado.

Cuando llegó al departamento Claudia se le caGo de risa en la cara. La piñata estaba curisima, decía. Se había puesto tan contenta que olvido reclamarle las ausencias, las esperas y los momentos desagradables. Rieron como tarados y lueGo el acomodó al pescado azul arriba de la pequeña televisión .

Cuando güicho miro aquella artesanía de temporada casi vuelve loCo. Fue corriendo a la cocina por el palo de escoBa para destrozar al pescadillo-piñata.

—Ah, no te pases, ¿que no ves que es de puro adorno?, esta muy chica para desmadrarla, mejor espérate y te compro una de verdad llena de limones —le dijo Claudia.

—Déjalo que la desmadre —dijo el— luego compro otra.

Claudia estaba demasiado encantada con aquella piñata boba pero no intento nada cuando el la desato y la llevo al patio. Le saco el cepillo a la escoba y después de darle el palo a güicho dijo:

—¡dale duro dale duro!

Y subió las escaleras para sostener la piñata del lacito para que güicho comenzara a tirar golpes.

Aun no empezaban las fiestas de diciembre pero ellos ya estaban desmadrando una diminuta piñata de pescado azul en aquélla mañana luminosa de fin de año.


Me falTo diBujo de pesCado :(
¿Alguien que se muTiLe (me reGale) con un diBujo de pesCado?
Ahi cualquier-cualquier ¿no? ^____^


Lavar un TiNaCo ::.

Que le tocó lavar el tinaco. Por eso se levantó temprano. Estaba la muchacha que le cuidaba al niño. Estaba Ella y la muchacha. Creo que se llama Luisa, o Andrea. No se. Y estaba el niño. Estaban los tres y era de mañana. Se despertó a las 5:30 cuando aun no amanecía, lavar el tinaco, la ropa, hacer de comer, apurarse. Lo mejor de todo es que era sábado y entonces pues ya. Siempre es posible alegrarse de que sea fin de semana aunque sepa que tiene que hacer las mismas cosas de todos los días, del lunes y del martes, del miércoles y del jueves, las mismas cosas que hace el viernes y el domingo. Luego sucede que se olvida del día en que vive por la de personas que ve todos los días: por la de rostros desconocidos. Me platica de eso y de más cuando acostado a sus pies, ella dormita y se deja ir diciendo de las cosas que hizo, de las que le gustaría hacer, de los lugares a los que fue y de los lugares a donde le gustaría ir, de las personas que conoció y de las personas que le gustaría conocer. Era sábado entonces. Ella se metió al tinaco con una escoba y un trapo. Un tinaco rotoplas. Aunque era temprano ya todos estaban levantados: despiertos. Todos: Ella, el niño, la muchacha-que-le-cuida-al-niño-Luisa-Andrea. Bueno, que cuando eso me platicaba estaba todavía cansada (se había levantado temprano), con el cabello recogido –así se lo había dejado- se dejaba dar besos en la nuca, en la espalda, eran besos inofensivos, besos chicos de “te extrañe mucho”. Se dejaba, dormitaba, platicaba. El cabello recogido y húmedo: vas a pescar un dolor de cabeza Belinda. Era el mismo cabello largo y negro que le pasaba nada mas los hombros. Le dije una vez que se lo pintara de azul: “píntatelo de azul Claudia, píntatelo”, “pues dame dinero menso”, me respondió, afirmando con esas sus palabras de niño que estaba por la labor. Lo mismo sucedió cuando le dije que se lo cortara porque “se lo jalaba” cuando me ponía sobre ella. Hacíamos el amor e invariablemente mis manos se enredaban con su cabello, se enredaban en ella, y entonces ya estábamos agitados y sudorosos desesperados y angustiados, mis manos inmovilizadas y sin circulación, su cabeza dislocada y perdida en movimientos erráticos e inconexos. Así, unidos, no nos dábamos cuenta de que todo podía ser mas fácil. No queríamos, quizás. Hasta que le dije en una ocasión en que me miraba las marcas rojas en la muñecas, después de sacudirme las pelusas: “córtate el cabello, Claudia, córtatelo”. Era su cabello que le llegaba a la cintura y que nos estorbaba para las cosas esenciales. Sal Paradise lo cuenta muy bien en esas confusas y agh fascinantes historias suyas cuando dice de Mardou y de su amor loco en medio de las fiestas y los amigos, de las platicas interminables incesantes y sinsentido que todos entablaban cuando se hacia de noche y se podía vivir entonces sin el cúmulo de estupideces que permeaban –y permean- por sobre todo en realidad. De lo esencial, digo. Su cabello estaba húmedo y ya eran las dos de la tarde cuando estábamos allí, juntos por fin, después de semanas sin vernos, aunque ella estuvo dentro del tinaco hacia las 5:30 de la mañana, inmediatamente después de despertar, levantarse, después de dar un vaso de leche al niño y decir, recomendar, pedir con una dulzura de mañana: “te estas quietecito, no seas malo, nada más me meto adentro del tinaco para lavarlo y salgo rápido rápido ¿si?” Rápido-rápido. A los niños les gusta eso, que todo sea rápido, sin demoras, es que están chicos, su idea del tiempo es nueva, como huevo de cascaron frágil, como nube chica y casi transparente, la luz del sol todavía puede verse, la atraviesa sin dificultad, por eso se agitan cuando las cosas no suceden, cuando se dilatan y parecen meras promesas.

Rápido-rápido, muévete, rápido. Es ahora. Ahora. Abre la boca y habla, explícame las cosas y manotea, apúrate y corre, no te quedes allí quieta, nada mas mirando, que no se trata de un sueño, es la vida real y es hoy, no es mañana que no hay mañana: rápido-rápido. Corre, quédate sin aliento habla y grita y di y que tu paso sea como un viento sobre la cara: los ojos brillan. Es la luz del sol.

Pero el niño comenzó a llorar porque Ella no podía salir del TiNaCo RoToPlaS. De primero, cuando se metió, estaba la ayuda de Luisa-Andrea, ella puso las manos abajo haciendo un columpio donde Claudia puso primero el pie derecho, basto con un impulso mínimo con el pie izquierdo para trepar a la boca del tinaco, lo demás fue utilizar los brazos y recargar el estomago sobre la boca del tinaco, al instante siguiente ya estaba dentro, caer dentro, el tinaco vacío, dentro, el niño ¿en dónde esta mamá? que de Ella solo sobresalía la cabeza y “espérame tantito, nada mas limpio aquí adentro y salgo corriendo, rápido-rápido”.

Mas a la hora de que dentro todo estuvo limpio Ella no pudo salir. Adentro faltaba el columpio donde subir el pie derecho, no había columpio en donde todo estaba oscuro pues eran las seis de la mañana y ya se sabe que los días de enero son cortos como suspiro de ¿? fua!: lentamente empieza a amanecer por las mañanas: todo estaba tan oscuro, adentro, afuera, como si de la medianoche se tratase. No podía salir y empezó a reír calmando al niño al mismo tiempo “no llores, no llores bebe”.

“Y me sentía como uno de esos animales que salieron en la televisión en aquella película donde caían o se metían por si solos a un frasco pero el frasco estaba allí hundido en el mar y ellos se metían al frasco si saber que luego no podrían salir, tiburababas se llamaban y me sentía así como uno de esos tiburones chicos que no podían salir del frasco y allí estaba yo nada mas retorciéndome dentro del tinaco rotoplas como un tiburababa”


Y mientras lo explicaba se retorcía ella misma desde la cabeza hasta las pies agitando los hombros como si estuviera escapando de un trampa imaginaria que la rodea y la oprime que no la deja respirar. Entonces Luisa-Andrea fue a por una silla, algo, lo-que-fuera para ayudarla a salir. Y el niño lloraba incesante y desamparado hasta que por fin hallaron un silla pequeña que pudo entrar por esa boca negra y oscura del tinaco rotoplas. Ella salió de la trampa y mientras me contaba todo se reía recordando la película de los tiburababas y el llanto del niño.


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Abismo I

Era una flor narcótica que casi me arranca el brazo. El susto que pase fue indescriptible. Serio. Cosas para las que no hay palabras, solo sensaciones. Caí de cabeza en un abismo oscurísimo donde la luz era enloquecedora. Pensé que había llegado de cabeza al cielo ¡Me confundí! Esa es su diabólica estrategia para hacer presa de quien sea. Y me hizo jurarle amor eterno y todo ese tipo de nefastas cuestiones. Estaba muerto. Había muerto al despeñarme en el intensísimo oscuro de sus brillantes ojos. Ella solo me miraba pidiéndome inexistentes explicaciones. Me dejaba hacer. Y cuando abrió la boca para decir su nombre, mi cuerpo -ese esqueleto destrozado que yacía en aquel desolado abismo-, el reflejo aterrado en el fondo de sus ojos, se convulsiono con una felicidad grosera. Estoy muerto, pensé, la vida no es sino una constante locura que me ha arrebatado el alma. Ella es la maestrisima y puede hacer de mi mil mierdas o lo que en realidad le sea preciso. Y su nombre cobro vida instalándose en un desconocido reducto de mi cuerpo ¿mi cabeza?, ¿mi corazón?, ¿la sangre en mis arterias?, era una melodía espantosamente atrayente que lentamente fue tomando el control.

Luego ella me olvidó. Pero sin soltarme. No le cansaba su violento pero incesante sostenerme. Me faltó la luz. Trate de orientarme, estaba perdido, arrojado en un sótano oscuro, violentado por un horrible demonio que chupaba mi sangre. Y vagué y busqué y grité y recorrí desesperado mil desolados parajes intentando encontrarme con esa luz abrumadora. Rompí mi cabeza contra mil corrompidas paredes, habité otros tantos infiernos que ni siquiera eran míos. Llene mil cuartillas con su aborrecible nombre. Estaba muerto y en verdad nada me importaba.

En aquellos impíos lugares nada me podía salvar. Y un día, en medio de aquel remedo de existencia, errando desconsolado en un inhóspito, frío y antiguo paraje, encontré (creí encontrar, ese atormentador castigo me enloqueció al punto de imaginar insostenibles ecuaciones) esa insoportable luz brillando en la distancia. Por fin, grité, echando a correr, escapando (eso creia yo) del silencio, el hastío y el terror. Y la luz estaba ya frente a mi, de modo que todo lo que hice fue agacharme para tocarla (¡la luz! ¡la luz!) y en ese instante volvi a caer, jalado por ese caleidoscopio de luces (intensísimas aquí, opacas allá) y sombras y dije (no puedo quitarme esa maldita e insana costumbre): estoy muerto y la luz por fin es mía.

En aquel sueño estaba Alguien. No habia ruido. Cuando se acercaba a mirarme (desconcertada frente a mi, yo paralizado, no podía decirle nada) sus blancos vestidos revoloteaban silenciosos a su alrededor. Me llevó a un recinto extraño, lleno de luz por todas partes. Y cuando cerré los ojos (no recuerdo si me lo propuse o no) mil cálidas manos comenzaron a tocarme y yo perdí el conocimiento porque no recuerdo que refulgentes cosas después me ocurrieron

A continuación, yo quería abrir los ojos y un intenso cansancio (¡o alguien!) me impedía hacerlo. Primero los intente abrir, luego me aterre cuando descubrí a la luz verdadera porque sentí que esa incesante y oscura desolación no estaba dispuesta a dejarme escapar e iba a impedir que yo abriera los ojos y acabaría por tragarme para instalarme en el frío eterno (¡!). Y frente a mi, en medio de toda esa deliciosa luz que con solo vislumbrarla me aliviaba e invitaba a seguir intentándolo, apareció Ella. Y el viejo demonio había desaparecido y lo intente de veras reconfortado y la lucha que se entablo fue la verdadera porque me acababan de reconstruir los huesos y la oscuridad no dejaba de jalarme. Entonces Ella comenzó a llamarme y me limpiaba el sudor sobre el rostro y decía calmado, tranquilo, despacio papacito, tu puedes, échale ganas, vamos corazón, escúpelo, escúpelo; y todo era ¿cómo si yo estuviera dando a luz? De locura, pensaba. Y la oscuridad comenzó a rezagarse y a Ella ahora la veía claramente y había resucitado y no lo podía creer porque Ella estaba conmigo y yo había estado muerto y ahora respiraba un aire verdadero, mis pulmones estaban conmigo y mi corazón y mi sangre y el cuerpo me dolían todos al mismo tiempo pero ahora estaba con Ella y lo demás en realidad puede irse a la mierda porque la mierda es la mierda y quien guste de traerla embarrada en la boca que con su pan se lo coma porque yo paso, ya no, nunca mas, a tomar por el culo, de veras, no, ya no …

… bueno, mmmm, creo que no.

Aaagh


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