Si me pusiera a escribir aqui todo el tipo de cosas que ahora me estan pasando seguro necesitaria demasiado tiempo para hacerlo. Escribiría (teclearía) y, aqui sentado, con la luz del monitor y el cigarro y el humo (necesito una cerveza), pasaría gran parte de la noche de manera que al otro día me seria imposible realmente abrir los ojos para darme cuenta de que el sol y el día y todos los sucesos futuros estan sucediendo ya, sin detenerse, y tengo que levantarme, salir pronto de ese denso sopor para comenzar a funcionar, abrir los cajones y ponerme algo encima echar a correr entonces seguro, si, y hacer sin más demoras todo aquello que desde hace mil, nooo, dos mil años, me comprometí a hacer.
Porque hay muchas cosas, mil cosas frente a mi. De modo que estiraré la mano, en una suerte de audaz maniobra un poco insensata y temeraria, para coger la primera de ellas que se ponga a modo, justo como hace el mago cuando, ejecutando su acto principal, con todo el publico atento, mete la habil mano en ese enorme y lujoso sombrero negro que presume un tono presuntuosos azul oscuro, para sacar, si, sin dudas ni titubeos, un enorme y peludo conejo blanco que se retuerce en el aire, la mano le ha pescado de las orejas, que se retuerce, digo, como un animal vivo (¿cómo si no?) aterrado e indefenso, que siente algo malo en seguida le va a suceder y que sabe que no tiene escapatoria, que no hay esperanza ni futuro para el, de modo que decide pelear hasta el final sin más pensamientos (¡sii!) en la cabeza que su muerte inminente. Agh.
… y seguire
(con el jodido conejo blanco ^_____^ )

Ahora se empiezan a amontonar, gritones y urgentes, los libros en el escritorio. Gritan atención. Me falta tiempo. Y sin embargo, sigo comprando y comprando más y más de ellos. Imagino que si demoro mas de lo prudente, comenzarán a arrastrarse por el piso, no ellos, sino las historias que en ellos estan escritas. Saldrán lentamente como legiones de diminutas letras en formacion marcial. Dados los primeros pasos, iniciados los primeros avances, se desbocarán en todas direcciones. Tomarán por asalto los rincones de mi cuarto ¡mi cama! Y pronto no habra lugar donde pueda sentarme a descansar sin que tenga que escuchar las discusiones de Simone de Beauvoir con J.P. Sartre cuando ambos eran insensatos soñadores, las estridentes fiestas que se anuncian desde la portada de ese libro español escrito por un drogadicto rocanrolero. Y soñare mundos extraños, en noches totalmente absurdas, salidos de ese volumen de cuentos de Edgar Allan Poe. Las letras vivirán en los rincones, en mi ropa, bajo los lapices, en mis zapatos, el cepillo de dientes, atras del cenicero con forma de goma, de la piñata de pescado, del bobo esponja, del cd de placebo, de la escoba, arriba del gancho para la ropa, el botecillo de basura. Y pronto deberé tomar todo tipo de precauciones. Revisar los cigarros antes de encenderlos. Dormir con las luces prendidas y la ventana abierta. Sacudir con fuerza las camisas antes de ponermelas: podrian hacerme cosquillas una vez arriba del colectivo, podria soltarme diciendo disparates involuntarios e inofensivos.
Que mejor los leo antes de que algo suceda.

La busqué toda la semana. Primero fui el martes. Luego el jueves. El viernes me tome el día y también la fui a buscar. Entonces por fin la encontré por la mañana y de inmediato nos pusimos de acuerdo. Nos abrazamos y platicamos mucho. Tenia una cortada en el dedo porque se lastimó con una puerta. Le dolía mucho y nos reímos. Nos abrazamos todo el tiempo. Hacia calor pero no importaba. Me contó que perdió la llave de su cuarto y padeció mucho hasta que decidió pedirle el duplicado a su papá. Que el niño la había perdido, la llave, y que por buscarla se lastimó con el filo de la puerta. Y se corto el dedo y le salió sangre y se lo apretó y subió al auto para llegar pronto y ahí iba con el dedo vendado y encogido y sangrando. Luego le andaba dando besos y me dijo espera espera porque le daba cosquillas y no soportaba la sensación. Casi la convenzo de que se pinte el cabeLLo de azul. Llevo años pidiéndoselo. Cuando te pintes el cabello de azul me muero, le dije. Y ella, pues muerte de una vez porque no quiero. Pero se retorcía de risa. Hacia mas calor. Estas mas flaca, la verdad, le dije apresurado. Y ella: no, pero yo insistí. Estaba como imbecil arriba de sus nalgas. El olor a jabón y tal. Y si, estaba mas flaca, puta obsesión suya, esa de correr y comer poco. Pero su cuerpo me mata. La verdad.
Sus nalgas y tal.
Entonces quedamos el sábado en la mañana. Y el domingo el día entero. Pusimos la tv muda mientras platicábamos cosas. LueGo ella escuchaba el iPod y cantaba en voz alta, asereje y mesa que mas aplauda.
Que me den por culo si acaso descubro que es lo que esta pasando. De pronto estamos felices y sin enfados y riendo como tarados sin razón alguna. Las cosas han cambiado tanto que me sorprenden. Hoy por ejemplo, íbamos platicando en el metro sin hacer caso de la gente y los empujones y riendo a cada momento. De pronto dos lugares se desocuparon y corrimos a sentarnos y seguimos riendo y entonces ella volvió con el tema del dedo y me lo enseñaba y nos moríamos de risa porque tenia el pellejo levantado pero ya reseco y yo le apretaba y le decía “¿qué te paso ahí? ¿qué te paso ahí?” y ella aullaba y ambos reíamos.
Luego entramos a comprar baratijas a una tienda que anunciaba “todo lo que vea a 10 pesos”. Compró un jabón y un recipiente de metal como pocillo para calentar agua, ese último lo compró porque estaba chistoso, porque reímos mucho. Estaba buscando lápices de colores para el niño. Llevaba en la bolsa lápices y gomas y cuadernos para iluminar. Pero buscaba más lápices y ábacos y cajas metálicas que usan los niños para meter sus cosas de la escuela.
Cuando, mas tarde, la acompañe al autobús, atravesamos una zona donde había borrachos, “¿serán peligrosos?” dije en voz alta mientras corríamos para pasarlos. Estábamos en el metro san lazaro en la central esa de camiones y ver tantos borrachos me asombró.
Ella se había arreglado el cabello sujetándoselo todo atrás. Le dije que así se veía de poca, es como actitud, vas a por todo, tu mandas, tu mueves: al suelo perros. Y ella me golpeaba mientras reía. Se fue en el camión de las 4.20 PM. Yo te marco por teléfono me dijo y nos dimos un abrazo eterno, uno de diez mil años luz, de planetas enteros y galaxias y constelaciones. Luego ya.
Es fin de año y vamos a ir con el niño. El mes próximo compraré piñatas de pescaDo y las llevaré para romperlas juntos. Ella esta contenta. Yo más. Tenemos dinero y estamos juntos. Que rueDe el mundo.