Y me acuerdo y me dan ganas de patearle tambien. Me volvería demonio para regresarle la mordida. Aunque despues me pateen y me agarren entre todos por haberme vuelto loco y andar mordiendo perros como maniatiCo desesperado vengativo y peligroso jideputa.

La silla mas enfadosa casi lo alcanza cuando bellaCo, antes de dar vuelta a la calle, arrojó la ultima galleta hacia atrás, en dirección a esa necia perseguidora suya.
Aunque sea tiraste esas chingaduras tuyas, le gritó la silla mas enfadosa, ya sin perseguirlo.
Pero bellaCo no la escucho, ya estaba tres mil kilómetros lejos, a salvo de la violencia y el enfado.

Su mejor amigo era Bellaco. Büilare le contaba los cuentos de sus abuelos y Bellaco le describía cómo eran las cosas en el planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta de donde había venido.
Bellaco llegó a la fiesta, abriéndose paso entre el griterío de los niños. Como eran unos aburridos, planearon la Estrategia Insólita Para Desaparecer a Todos. Escondidos detrás de la fuente, hablaron de la travesura que estaban a punto de realizar.
Fueron a la cocina, donde preparaban sandwiches y gelatinas para los invitados. Bellaco traía en la bolsa de su pantalón, entre mil cosas más, un polvo verdoso que en su planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta servía para aminorar la tristeza en los días nublados. Silenciosos como ratoncillos mudos, pusieron el polvito verdoso en las gelatinas de limón. Se salieron corriendo al jardín, estornudando de la risa.
Cuando todos terminaron de comer su postre de gelatina, Bellaco y Büilare se subieron a la casa del árbol y desde arriba vieron lo mejor de todo.
Los niños se empezaron a transformar en nubecitas negras, luego se elevaron hasta la mitad del jardín y, posteriormente, se convirtieron en aguaceros chicos.
El jardín se puso más verde que nunca y Bellaco junto a Büilare disfrutaron los millones de arcoirirs que iluminaban la fiesta de cumpleaños.
Para nuEz, que a veces se pone triste.
