Cada vez tengo mas miedo –dijo, y espero a dar un paso.
Había dejado las luces prendidas aunque ya no era navidad.
Bruna y Camila lo recibieron husmeando sus ropas
Tenia mucha hambre, las articulaciones le dolían.
Lo mejor era dormir.
Arrebujarse en su cama y dormir.
Hace un rato se acercó Maricarmen, con una lista de personas, a preguntarme si le entraba a su intercambio de regalos. Digamos que en este fin de año ando pacifico, generoso, comprensivo, humilde, y sobre todo, respetuoso. Fua! Le dije si y me pidio una lista de tres cosas que me gustaria recibir que no pasaran de 250 pesos. Chin.
Esto fue lo que le entregué:
No se por dónde empezar. Me siento como si todo estuviera en ruinas y mi tarea inmediata fuera reconstruir la casa que me han asignado. Sacar las piedras más grandes. Cargándolas. Barrer el piso destruido. Levantar las paredes. Los cristales rotos. Una por una. Piedra por piedra. Arreglar el techo deshecho. Las habitaciones. La instalación eléctrica. Componer la pintura descarapelada. Dejar de nuevo la casa como si fuera un palacio.
Un jodido y fulgurante palacio.
El problema es que mi mente divaga con frecuencia. No se enfoca en lo importante. Parezco borracho mirando el cielo. Y los pensamientos vagan sin rumbo en mi cabeza.
La lucidez viene a mi como en sacudidas. Y tengo que aprovechar esos momentos. Aferrarme a ellos. Porque son como sueños que se me olvidan. Tablas de salvación. Me hundo en el infinito, agobiante y profundo mar de todos los días.