Cuando era niño me gustaba mucho que mamá llegara. Ella siempre andaba trabajando y no la veíamos en todo el día. Unos días tristes y agobiosos. Unas tardes hijas de puta. Por la mañana estaba en la escuela y aunque había mas niños y niñas y maestras y dibujos en cuadernos cuadriculados, de todos modos no me gustaba. Me gustaba cuando era el recreo y me ocultaba atrás de los tinacos en complicados juegos donde todos corríamos a escondernos en medio de gritos festivos. Me volvía de colores y desaparecía como humo mientras las miradas se fatigaban.
Quiero volverme de humo nuevamente y ocultarme detrás de los tinacos donde hay nidos de arañas y pequeñas sabandijas de dientes brillantes. Me las comeré a mordiscos con mi hambre infinita y visceral. No me importa que en la carrera tropiece y caiga escaleras abajo rebotando contra los filos pum pum pum y desmadre mis huesos de nieve derretida.
Me volverán a crecer dientes de perro para asustar a las niñitas de vestidos almidonados y lápices de colores. Les daré besos en la boca y echaré a correr escapando de la maestra que me ha descubierto, con mis veloces movimiento de brazos. Y nadie podrá alcanzarme. Ni aunque saquen manguerazos de agua fría para detenerme. Robaré refrescos de sabores para aliviar mi sed y el jodido entusiasmo que cosquillea y me obliga a seguir y seguir hacia esa deliciosa luz que instala la luminosa mañana.
Y aparecerá mamá para darme alimentos y terminar con esas tardes silenciosas y pendejas.
Casi no me gusta decir mentiras porque luego no recuerdo las cosas que dije y entonces sucede que la gente me sorprende. Me dicen: “¿recuerdas que dijiste tal cosa??. Y yo me quedo desconcertado.
El problema es que nunca recuerdo nada. Nada. Es una lesión cerebral, supongo. No recuerdo lo que comí en la tarde. No recuerdo lo que sucedió la semana pasada.
Me gustaría que la vida fuera como una canción de Miranda. Solo así estaría repitiéndola y cantándola todo el tiempo. Y la recordaría.
Si la vida fuera una canción seguro que no la olvidaría.
Iría por la calle cantándola todo el tiempo y repitiéndola y si alguien me detiene y me pregunta algo, cualquier cosa, le respondería de inmediato: