JicoTiLLo era un gato tranquilo y mesurado: nunca me daba lata y tal, se largaba y ya. Se comía lo suyo y después se iba sin hacer demasiado aquelarre. Me caía bien porque cuando llegó estaba hecho polvo. Y sobrevivió. No me dio lástima ni tampoco ese tipo de cosas. Simplemente me sorprendió verlo todo desbaratado. De fijo los gatos me cagan. Por mugrosos. Los gatos son roñosos y apestosos. Un gato transmite enfermedades y puedes morir por tocar uno de ellos. Lo mejor es mantenerse apartado y en realidad alejado y tal.
Además, un gato es ocioso por naturaleza. JicoTe me caía bien porque era todo menos ocioso. Bueno, era gato gandalla y parrandero. Nunca le veía cerca y todo el tiempo andaba echando desmadre en las azoteas y peleándose con sus colegas. Y regresaba arañado y desmadrado y no entendía y volvía a largarse y todo era para el un continuo y auténtico desmadre.
JicoTe JicoTiLLo era todo menos uno de esos gatos gordos y perezosos e hijos de puta que salen en la televisión y que se alimentan con esas pastas caras que venden empaquetadas en cajas lujosas y con fotografías de gatos melosos de ojos luminosos y como soles coloridos. Y ves la televisión y ves los gatos gordos y asquerosos y ves a sus dueños felices y orgullosos e igual que sus gatos: todos gordos y hechos polvo pero felices y maquillados y hablando de las bondades de las pastas esas que ponen mas gordos a sus gatos y mas hechos polvo.
JicoTe JicoTiLLo no. Un día se largo y desapareció.
— Espera espera que traigo un tamal —me estaba mirando con ojos de risa en la cara.
— De veras, traigo un tamal
Entonces lo saque y lo puse sobre la mesa. Lo miramos un rato y después ella dijo:
— Pero no se mueve
— No te pases, los tamales no se mueven
Entonces reímos.
Era dos de febrero y en México DF, la capital, la gente come tamales porque festejan una antigua celebración mítica toda religiosa lujuriosa y en realidad un poco vergonzante.
Y por la mañana los compas del trabajo comieron tamales y me regalaron un tamal y lo guarde en el morral de viaje y después lo olvidé y solo volví a recordarlo cuando llegue a verla y ella me estaba revisando donde guardo mi cuaderno y el ipod y entonces fue cuando le dije del tamal oculto.
Nos lo comimos después de besuquearnos y reírnos porque yo no me dejaba revisar completamente.
Es un poCo instalarse en la actitud correcta diGo yo, la del desmadre continuo, riendo a cada instante y no tomarse la vida demasiado en serio,
platicando todo el tiempo aunque ya todos esten aburridos y en realidad cansados, ni modo, se trata de seguir la fiesta, ¿entiendes?, seguirla hasta el final.
Es maddi, la amiga virTual mas chiCa que tiene NuEz (y no es mi hija, a todos esos que preguntan constantemente).
