Nux fulguris

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Piedras pintadas y un abrazo

En mi sueño no tengo camisa pero tengo dientes filosos. Hay sol y mi perro vigila la calle protegiéndome de los malvivientes. He bajado de mi bicicleta esperando que empiece la acción.

un bellaCo primigenio de otro planeta!

Pasos, polvo, música, coplas cantadas, mujeres de manos blancas, vestidos bordados, pájaros dibujados, tengo sed. Un día me llevabas en brazos mientas la banda decía de las mujeres acaloradas y de las canciones que ellas cantaban. Pienso en el río donde terminaba la sed y respirábamos antes de continuar el viaje. Estoy enamorado. Esperábamos con ansia la hora de la comida cuando podíamos descansar y aliviar el calor. Platicábamos de los pájaros y de las abejas. Echábamos risas mientras la música seguía y nos urgían a seguir. Íbamos fulgurantes y teníamos la verdad. Entonces era un mundo distinto. Cantábamos orgullosos, si, si, y la banda detrás de nosotros. Las piedras coloridas nos mostraban bellaCos atrapados y dibujos coloridos. El mundo primigenio nos cobijaba y éramos felices.

un bellaCo primigenio de otro planeta!
Un regalo precioso de un niño mexicano, un niño que no conozco: una piedra mágica con un espiritu pintado:
un pequeño bellaCo bailarin (dientes filosos y dedos de trinche) de un planeta distante,
uno alejado y desconocido, donde hay dias soleados y risas. Es visión.

Del Fondo para Niños de México

Eran días de sol cuando el hemisferio se vestía de flores y se confeccionaban las historias antiquísimas donde el dios era raptado al inframundo al toque de una rama de árbol, donde las ninfas recorrían los siete infiernos buscando el auxilio y el rescate liberador que nos rejuvenecería a todos.

Todo da vueltas. Gira y se sucede. Termina al mismo tiempo que empieza. Nada es importante. Nadie es único ni de casualidad. Ya todo ha sucedido. Y solo se repite y se carcajea.

Que bueno que estas bien.
Me asuste muchisimo.
Casi muero.
Dame un abrazo.

Aprisa (ficción)

Introducción

Hoy no fui a trabajar. Ni siquiera avisé ni nada. Nada más no fui a trabajar. Resulta que por la mañana me desperté muy temprano y me di cuenta de que sería un día soleado y sin nubes, me sentía muy tranquilo y sin perturbaciones (aunque tenia un día complicado). Cuando llegue a la oficina de A eran justo las ocho de la mañana y enseguida me recibió. Instalé las últimas modificaciones mientras A preparaba café. Todo hubiera estado perfecto si no es que me demoro diez minutos más de lo previsto: eran las nueve y diez minutos cuando tuve que salir de ahí corriendo y luego subir a un taxi y bajar de nuevo porque la calle estaba completamente invadida y entrar al metro y salir y correr y bajar escaleras y subir escaleras y detener otro taxi y explicar direcciones laberínticas para llegar al trabajo donde ya me estaban esperando desde las nueve de la mañana.

Un ritmo más calmado: desastre

Iba en el segundo taxi cuando advertí que pasábamos enfrente de la cervecería modelo. Me sentí mejor porque ya casi lo había logrado. El sol seguía en lo alto y supongo que casi daban las diez. Pero estaba mejor. La ventanilla del taxi completamente bajada dejaba entrar el viento que me pegaba en la cara. Íbamos corriendo a toda velocidad sobre la calle despejada, delante de nosotros un motociclista aceleraba alborotado y feliz haciendo un escándalo festivo en medio de la mañana luminosa. En la radio sonaba un jazz desconocido y de repente ya estaba inmerso en recuerdos cálidos de cuando íbamos a Chapultepec todos juntos y recorríamos esas mismas calles llenas de sol en excursiones felices, papá acostumbraba llevarnos caminando al bosque y todos éramos felices cantando canciones inofensivas mientras recorríamos aquel trayecto jugueteando en las vueltas y en las paradas. Entonces el taxista interrumpió mis recuerdos al tocar el claxón para llamar la atención del auto que iba cerrándose enfrente de el. Una mujer joven lo conducía. El taxista la rebasó ágilmente pero puede darme cuenta de que se trataba de una mujer muy hermosa. Lo siguiente que vi enfrente del taxi, íbamos muy rápido, fue al motociclista que, para esquivar un bache en el camino, dio una vuelta absurda que lo hizo caer y rebotar justo frente a nosotros. El taxista miraba por el retrovisor a la mujer del auto rezagado y sin poder evitarlo, sin detenerse, con esa velocidad inaudita que llevábamos, le pegó al motociclista y lo fastidio con un estruendo escandaloso arrancándole la cabeza con un estremecimiento del vehículo y un sonido macabro (sin transiciones todo se había vuelto de ensueño, de pesadilla). No sé cómo fue que sucedió pero la cabeza del motociclista saltó, rebotó, giró y aterrizó, a través de la ventana abierta del taxi, justo en mis piernas. Aun estaba viva porque los ojos abiertos al máximo miraban aterrados que el mundo se les terminaba en un baño absurdo de velocidad violenta indescriptible mientras la sangre explotaba sobre mi salpicándome entero e instalándome un terror nauseabundo que no me he podido quitar con nada. Por eso no fui a trabajar.

Amig@

Hoy me hablo A y me dijo que me estuvo esperando. Casi muero porque había olvidado que dije el miércoles. Respondí que lo había olvidado y que estaba muy apenado. Ella dijo que no me preocupara pero de todos modos casi muero. Si de mi dependiera estuviera en este momento con ella. Bueno, en este momento no. Porque es casi media noche y pronto será jueves y estoy casi desnudo frente al monitor tecleando mis aventuras y mis hallazgos cuando voy por la calle todo quitado de la pena listeneando música en el ipod y relacionándome con la gente que esta toda confundida y no sabe en realidad lo que quiere porque ora piden una cosa y ora piden otra y luego se encuentran desconcertad@s cuando lo primero que pidieron se les echa encima como gato enfadoso y les araña la cara y les hace correr a ocultarse en sus rincones preferidos y ahí me ves a mi acercándome todo meloso para que vuelvan a sentir confianza y se acerquen y todo tenga coherencia y el súper mundo luminoso vuelva a la normalidad. Digo, pero mejor mañana le marco al teléfono de A y le insisto que en realidad si estoy muy apenado y le voy a convencer de que soy una persona confiable y completamente sincera y honesta y estoy seguro que se le pasará el enfado ¿se enfadó? Y le voy a hacer reír de esa manera como ella se ríe cuando le cuento cosas tontas acerca de lo que me pasa o de lo que hago o de lo que escribo. Ella no sabe que tengo un blog. Si lo supiera podría leer esto y se moriría de risa y su rostro se iluminaría y yo me quedaría estático frente a ella solo mirándola y en realidad preguntándome cómo una sonrisa como aquella me puede poner tan contento y animoso. Después ella me preguntaría cosas. Se le pasaría el enfado automáticamente. Pero claro, no puedo decirle, “¿eh, sabias que tengo un blog?, ándate a fulguris.jicotillos.com y lee de qué manera tan apenada me encuentro cuando ando escribiendo un post entero sobre ti porque todo estoy todo hecho polvo por ese olvido tan enfadoso que te ha puesto así?.

Tal vez se lo dir a. Si estuviera borracho supongo.

Ya será.



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