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Despertar

Tenía un sueño donde estaba sintiendo una gran soledad. Desperté y dije “pero aquí esta Ella, no puedo estar solo”. Fue como el sueño anterior donde ella estaba a punto de caer en un abismo y yo no la podía sujetar porque estaba muy lejos (yo) y ella se balanceaba peligrosamente y creía (yo) que al final caería y la perdería y fue entonces cuando desperté y ella estaba ahí conmigo y me dije “no te preocupes, ella no se va a caer porque esta aquí dormida a tu lado y no pasa nada solo estabas soñando”.

Después desperté y salí a la calle estaba aun oscura, no eran ni siquiera las seis de la mañana y solo tenia mi pantalón negro y mi camiseta y un desayuno en la bolsa y el cielo estaba nublado, estaba oscuro pero se veían nubes presagiosas sobre mi y me llegue al sitio de taxis y subí y arrancamos todo Miguel Ángel de Quevedo y luego dimos vuelta y atravesamos las calles viejas de Coyoacan y llegamos a los Viveros y no había gente en las calles frías y desoladas y gélidas y por fin llegamos a la estación del metro y aunque hacia frío y yo iba casi desnudo me eche a caminar con mi respiración de gato sintiéndome vivo y relajado y despejado y de ninguna manera preocupado por el escalofriante día que apenas empezaba, inicio de semana, y ahí se iban los recuerdos calidos donde estábamos juntos y de la mano por los centros comerciales y haciendo el súper y bebiendo cafés en los lugares iluminados y baje, digo, del taxi y estaba vivo pero cuando llegue al anden subterráneo esperando al tren en medio de toda la gente, sin quererlo, como si ellos me lo transmitieran, me infectaran, me ensuciaran, me hicieran olvidar lo que sentía allá arriba (vivo es la palabra), de pronto, sentí hambre y frío y me dije: son esta panda de tarados civilizados y esta pendeja idea del mundo que me dice “si ellos están arropados y somnolientos con sus caras pendejas de desaliento y aburrimiento rumbo al trabajo entonces tu debes sentirte igual” y entonces sentí frío y hambre y el dolor en el estomago me hizo vomitar y me dio un ataque y me convulsione y me fui contra la pared y al final me desmaye en medio del anden, sin esperanza, preparado para una semana de trabajo que empezaba nublada y agobiosa.

Y tal.

Regresa

Primero quiero decirte que te extraño mucho. Hoy me fui a trabajar y tenia sed. Me canse mucho así que regrese a la casa. Luego me dormí ¿Tu como estas nena? Se de cierto que tienes mucho frío. Cuando no lo soportes mucho ponte un suéter que te abrigue. Necesito mirarme reflejado en tus profundos ojos, esos tus ojos luminosos amorosos calidos festivos, increíblemente hermosos que tienes y que me miran con curiosidad cuando te platico todas esas cosas que te hacen reír y luego abrazarme amorosa porque se que me quieres y sientes que mi amor por ti es genuino y radiante porque sin ti ahora, aquí, en México DF, la capital, tengo tanto frío (gélido frío odioso y agobiante porque no me puedo acurrucar contigo para ver la ley y el orden mientras comemos basurillas saladitas), aunque el súper sol aparezca en lo alto luminoso y triunfador instalando agobio sobre nosotros porque será primavera y el calor se presenta sobre nosotros malicioso y desgastante, digo, pero de todos modos tengo frío (y no me importa demasiado el sol y el calor y todo eso que esta sucediendo acá en DF) porque tu no estas conmigo y si, lejos de casa, allá en ciudades desconocidas y en hoteles calidos, con internet inalámbrica y veloz que llena todos los espacios de aquellos lugares y que pasa por sobre tu cabecita que no entiende demasiado sobre los bits y los bytes y entonces me tienes que preguntar y yo te cuento de las cosas de las que un día me enteré cuando andaba hojeando libros de sabiduría y tal porque se que debo ser el mas enterado y complejo para que todas las cosas que tu me preguntes te las conteste sin titubeos ni cavilaciones, esas cavilaciones que odias tanto y por eso me insistes siempre que sea el mejor y un dia te convencerás totalmente y me dirás si si si venga coco compra ese lindo anillo redondo y resplandeciente porque si me quiero casar contigo en este mismo preciso y evanescente momento. Ya.

Frío

No me gusta cuando hace frío porque es como el fin del mundo. En el cielo solo se ven las nubes apretadas y negras y que se desplazan malignamente empujadas por el viento gélido e hijodeputa, es como la visión de Blake. A me dice que por la noche me saldrán chapitas y mi rostro estará congelado, dice que el viento sopla y se mete por entre las cobijas y dice “uhujuhu” mientras hace revolotear mis cabellos semidormidos. Imagino el sueño de Kurosawa, donde los pobres infelices están arriba de la montaña y la tormenta de nieve les quita las energías y les instala el sueño eterno y luego aparece un demonio-bruja que pretende llevarse sus almas despistadas con sus cabellos jodidamente largos como viento congelado que desmadra la piel y se lleva el calor en un instante. “No tengo miedo”, le digo a A mientras me arrebujo entre las cobijas, “no es de miedo”, me dice festiva, con su sonrisita amorosa y divertida, “¡es de frío!”. Y comprendo que necesito al menos tres cobijas.



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