Entonces estaba realmente perdido y en el límite. Les avise que me iba a dar una vuelta y les deje con sus excursiones tontas y sin sentido. De primero aproveche para comer y no gastar demasiado dinero. Comimos y yo pedí cerveza, tortillas calientes. Estaba tan hambriento que hubiera muerto sin demasiados tramites. Después decidieron recorrer aquel simple centro comercial demasiado poca cosa y pueblerino como para hallarse en el centro de aquella ciudad fronteriza. Después de soportarlos estoicamente y luego de que todo estuvimos juntos —se habían extraviado entre los locales comerciales al separarse para ver uniformes deportivos— les dije que después los alcanzaba y que no se preocuparan —¡jodanse! debí haber agregado. Pero ya no tenia tiempo, demasiado desesperado y ansioso por mirar con mis propios ojos y para conducir mi propio tour en aquella ciudad mágica y atrayente, seductora, bulliciosa y estridente, aunque ello significara acercarme al limite, siempre al limite, y ponerme enfrente de esa realidad donde el mundo alardeaba desmadre total y alrededor todos se apretujaban y brincaban platicaban y decían y bebían cerveza y golpeaban y gozaban siempre al alcanzarte en la boca un golpe de bestia que te hacia saltar los dientes y llorar adolorido y asfixiado. Pero esa situación era mejor pinchemil veces mejor que ir uno detrás de otro en los pasillos de ese insípido y aburrido centro comercial estrecho y agobiante mirando los cds y la ropa deportiva y la cartelera de los multicinemas y las super películas todas emocionantes del pobre señor de dientes como conejo sonriente y un poco idiota y los títulos de libros y los equipos de sonido y mirando a las muchachas cogidas de la mano, melosas y espectaculares, de-li-cio-sas, y que dicen de comprarse ese vestido y y y pensando pensando pensando siempre pensando como monos bilingües y atrabiliarios sin atreverse nunca a alcanzar la mano y… Pero entonces ya, me encontraba en esa avenida ajena y limpia y con árboles en las aceras llena de autos y actividad y luces pues estaba anocheciendo y era casi —justo jueves— fin de semana y tal. Levante la mano y el taxi se detuvo. Subir. A la avenida constitución, no hice sino decir, en extremo confuso y desatado, y entonces me descubrí, como decía al principio, perdido en una ciudad extraña y ajena y en el límite pero todo de puta madre en realidad porque por fin había escapado y me lo estaba montando y seguro, si, seguro, aquélla vez, por fin, La encontraría.
Y ya.
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Nuez que vértigo de relato, necesito más, más, más..
Cojonudo, tienes frases para la posteridad.
Montada en el taxi me quedo. La encontrarás.
15 June 2004 a las 13:43
hola niño ….. besitossssssssssssssssssssssssssssss
16 June 2004 a las 18:09