Estaba sorbiendo sus dedos porque se había acabado las guayabas, los arbustos donde ellas crecían y los árboles de todo alrededor, se lamía las manos escurriendo de jugo y se pasaba la lengua por toda la cara para hacer buches de baba y escupir a continuación, estaba limpiando las semillas de guayaba que le cubrían de pies a cabeza, tenia miedo de que las semillas le empezaran a crecer encima, una semilla, un arbusto, luego un árbol. Le aplastarían si le crecían encima, el tiempo corría como demonio y si se descuidaba, si no escupía con prisa, la semilla explotaría dentro de el para arrojar un árbol gigante con raíces hambrientas como serpientes recién nacidas y sedientas, hambrientas como el mismo.
Pensó que limpiando las semillas y luego escupiéndolas podía esperar a que estas crecieran de nuevo, a que salieran arbustos llenos de más guayabas jugosas: tenia mucha hambre.
En aquel planeta, luego del agravio de las sillas y de las casonas de tapias viejas, le dio hambre. Paso mil años tirado sin nadie que le ayudara a reponerse de la golpiza: su hambre se hizo demente, gigante. Ahora se había comido entero aquel bosque de guayabas y se limpiaba de semillas para esperar un nuevo festín. Su única virtud, pese a lo enfadoso que era y a las transformaciones que sufría constantemente, era la paciencia. bellaCo era el ser mas paciente en aquel planeta lleno de sillas cobardes, de crueles casonas de tapias viejas y de bosques expresos de guayabas re-nacientes, re-vinientes.
Paciente y todo, en cuanto empezaron a brotar los primeros arbustos, bebes en un primer instante y llenos de flores al siguiente, bellaCo se les echo encima con su bocota abierta y hambrienta. Comenzó a chupar, primero, el néctar de las flores, con una grosera repugnante y odiosa delectación. De haber sido terrícola, bellaCo se hubiera comido las abejas con todo y aguijón que, en el planeta tierra, viven en las flores de guayaba. Estaba tan hambriento y al mismo tiempo tan fascinado con el néctar dulcísimo que las nuevas flores de guayaba escurrían y no sintió el primer arbusto que dejaba de serlo y se convertía en árbol para aplastarle un pie y enterrárselo en un movimiento desesperado de raíz buscando sustancia de tierra fértil: era la raíz enredada en su pie pálido y casi transparente que se hundía en la tierra soñando alimento.
Primero fue un pie, pero el tarado seguía aferrado a la flor gigante que dejaba de serlo y se convertía en árbol dentro de su boca estúpida.
Le nació un árbol debajo de la lengua, otro árbol en medio de los dientes frontales y uno más abajito de la campanilla y entre las amígdalas.
Mientras otro más le aplastaba con una zancadilla.
bellaCo tenia mucha hambre después de la golpiza recibida.

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Iughh… qué pegajoso quedaría con todo el zumo guayaba resbalando por su cara!!
5 September 2003 a las 9:42
ke paso kon esos arboles?
5 September 2003 a las 18:20
jajaja, nunca me cansaré de bellaco.
5 September 2003 a las 19:41
de haber sido terricola hubiera arruinado todo
5 September 2003 a las 19:46
eres G?
6 September 2003 a las 8:16
Que ricas las guayabas…..y mucho más si tienes tanta hambre: saben a cieLo
7 September 2003 a las 3:35