Como sea, últimamente he tenido visiones estrambóticas acerca del futuro, si el futuro es el presente las visiones son grotescas. SI el futuro ya es pasado, entonces lo he olvidado. No quiero que todo se pase como una película aburrida todo el tiempo y llena de luz en el minuto 48, cuando explota la bomba nuclear y la pantalla entera se vuelve blanca y todo el cine aparece claro, la gente en las butacas, atentas, las sombras en la pared, la realidad frente a nosotros, la explosión destrozando todo, desintegrando las calles, las casas, la gente, con sus pies derretidos, sus rostros ora aterrados, ora puros huesos. Si pudiera, me saltaría el aburrido principio, y el aburrido final, ese donde recogen a los muertos, los zombis, los estúpidos y sin cabeza. Me acercaría únicamente al minuto 48 una y otra vez, para ver esa luz fulminante.
Si, quiero que termine la película y regresar a casa y esperar al día siguiente para escapar a media tarde, las monedas en el bolsillo, y acercarme de nuevo, el tiempo exacto calculado para comprar mi boleto, atravesar como demonio el mostrador, las palomitas, ese olor tan festivo, y correr por los pasillos oscuros, para sentarme en las escaleras y ver de nuevo la luz, esa magnifica luz que lo ilumina todo y destruye al mismo tiempo esperanzas y sueños del mundo entero, niños corriendo en las calles, adultos desesperados, esqueletos, sangre, carne que se desprende.
Y hacerlo asi la semana entera.
Pero desvarío: la vida no es un largo periodo de tiempo al comienzo donde no te acuerdas mas que de una felicidad inalcanzable cuando estaba papa y cuando mama te alimentaba y te vestía de grillo para los festivales en la escuela y luego una bomba nuclear a la mitad y después otro largo periodo de tiempo aburrido donde al final del mismo has olvidado todo y terminas muriendo sin recordar nada como horrible animal disecado que aparece un día en la playa.
La vida tiene que ser otra cosa.
Cuesta mucho trabajo desenredar el lio que una vida entera va dejando a su paso. Por mas que te lo propongas y la necia cabeza tuya que lleva el control se repita incesantemente que no es tan complicado mientras se queda sentada mirando como el tiempo desaparece con un suceso y otro, y otro mas, que no dejan huella, que no recuerdas, que no parecen nunca haber sucedido. El enemigo eres tu mismo, por lo visto. O ese tu que lleva el control y que escribe estos renglones inseguros. Existen exorcismos, escuche recientemente.
Esa debe ser premisa inicial: quien escribe todo esto no soy yo sino el mono pusilánime y cobarde, odioso y cruel, necio y miserable. O no. Estoy tan habituado a la voz de mando que no comprendo, pese a que son las tres de la mañana y escapé del sueño sudoroso (los descubrimientos, la salud, el cielo límpido y azul de mediatarde mientras paseamos en los pasillos del museo, mientras bebemos del grifo y nos maravillamos por los prodigios y la vida eterna) que es otro el que escribe.
Voto por lo segundo.