Llegó un amigo a invitarme a construir un prototipo para conquistar el mundo. Aunque lo único que hago desde el 98 es tirar líneas de código programando aplicaciones frente a la computadora, aun conservo mi manía por los componentes electrónicos, la corriente y el voltaje, la frecuencia de la señal y las pisadas de pájaro a medianoche sobre mi cabeza asustada.
Me dijo “primero te daré treinta mil pesos, luego te iras de vacaciones cuando termine noviembre”. Y aunque necesitaba herramientas y aparatos sofisticados me puse manos a la obra con Internet como perro de lazarillo y esa incoherente tendencia mía hacia lo elaborado y enrevesado.
Ayer por la noche termine el prototipo. En la foto 1 podemos ver mis tablillas de pruebas y observar la limpieza del alambrado además de la distribución premeditada de los integrados ^__^

En la foto 2, eran las diez de la noche, apreciamos la caja con los tres botones de la bomba de tiempo que me encargaron construir. El botón verde detona la primera bomba en la sala de estar. El botón azul derriba las paredes y suelta a los pájaros de sus jaulas.

El botón negro termina con el mundo de todos los días, destruye los blogs y hace búsquedas infinitas en google.
El sábado fui a comer pollo a Isabel la católica, la calle, y estaba todo tranquis mirando las ninfetas pasear por el centro histórico mientras daba mordiscos a una pata dorada de pollo. Era mediodía y había pedido coca y tortillas calientes y me preparaba unos bocados de pollo al horno que, mirándolo bien, me parecían un poco secos, pensé, le falta jugo a este alimento, di un trago a mi coca y seguí comiendo simpático y desinhibido. Entonces resulta que en un momento dado me llene la boca de comida y mastiqué y devoré y al segundo siguiente comencé a ahogarme ¡Mierda! pensé, no puedo tragarlo, no puedo, hice esfuerzos, perdí el aliento, miré la coca, las ninfetas, el plato lleno, hice otro esfuerzo, me ahogué y luego sentí que el puto bocado pasaba por mi garganta lastimándola y por fin pude respirar ¡puta madre! le dí un trago a la coca y me quede respirando todo avergonzado porque casi me había sofocado por mi puta desesperación por comerme entero el jodido y delicioso pollo de aquel sábado fin de semana paseando en el centro histórico de México DF la capital.

conectar desconectar, conectar desconectar, conectar, desconectar, conectar, desconectar, conectar des co nec tar co nec tar con con
independientemente de mi infinito desagrado a la sola idea, tengo que reconocer que la mayor parte del tiempo tengo miedo de acercarme al filo del abismo. aunque haga alardes de lo contrario. me aterra darme cuenta de que no tengo paracaídas, de que no podré salvarme, de que todas mis lecturas acerca del que en el momento exacto desapareceré para aparecer protegido en lugar seguro son solo eso, horribles alegorías, vacilantes miradas fugaces.
en el momento
independientemente de mi infinito desagrado a la sola idea, tengo que reconocer que la mayor parte del tiempo tengo miedo de acercarme al filo del abismo. aunque haga alardes de lo contrario. me aterra darme cuenta de que no tengo paracaídas, de que no podré salvarme, de que todas mis lecturas acerca del que en el momento exacto desapareceré para aparecer protegido en lugar seguro son alegres fantasías que me comen la cabeza de manera absurda y ridículamente dolorosa.
, vanas lecturas realizadas frente a las botellas de cerveza.
creo que invariablemente, la rueda de la
fortuna se ríe cruel de mis burdos intentos por aprender a agitar las alas, no tengo alas, debo alejar la grave y fantasiosa idea que ronda mi cabeza de manera insistente y molesta.
, vanas lecturas realizadas frente a las botellas de cerveza.
creo que invariablemente, la rueda de la
fortuna se ríe cruel de mis burdos intentos por aprender a agitar las alas, no tengo alas, debo alejar la grave y fantasiosa idea que ronda mi cabeza de manera insistente y molesta.
conectar, desconectar