Nux fulguris

Miedo

¡Toma! No se qué usa la tipa del café de allá abajo pero siempre que mando a pedir uno termino loco desesperado y con impulsos suicidas, cosas como irme contra el puto ventanal o de plano encuerarme para salir corriendo, mi respiración se vuelve fría y rítmica, como temiendo lo peor al instante siguiente, me duele el puto pecho y creo que tengo taquicardia, es como cuando me paso de mariguana en las noches y tope paranoico y asustado me quedo acurrucado en mi cama escuchando todos los sonidos ¡un helicóptero! ¡el tic tac de la alarma! ¡la respiración de las niñas! Necesito un puto bajón, leche como desintoxicante no especifico, un día te vas a volver loco, solía decir mi madre cuando me sorprendía retacado de droga, me arrojaba cubetadas de agua fría, creo que pensaba que a manera de los perros con erecciones descomunales que se cruzan en las calles con las perras despistadas, podía sacarme de encima la estupefacción que la droga me instalaba, me agarraba a escobazos o, cuando estaba realmente fastidiada, llamaba a la policía que venía a por mi para encerrarme semanas enteras hasta que desaparecían las visiones y los fantasmas.

Cuánto necesito ahora esos putos escobazos para detener este jodido correr de mi corazón desbordado, no volveré a tomar jamas un puto café de la tiparraca de allá abajo ¡mierda!

Despertar

Tenía un sueño donde estaba sintiendo una gran soledad. Desperté y dije “pero aquí esta Ella, no puedo estar solo”. Fue como el sueño anterior donde ella estaba a punto de caer en un abismo y yo no la podía sujetar porque estaba muy lejos (yo) y ella se balanceaba peligrosamente y creía (yo) que al final caería y la perdería y fue entonces cuando desperté y ella estaba ahí conmigo y me dije “no te preocupes, ella no se va a caer porque esta aquí dormida a tu lado y no pasa nada solo estabas soñando”.

Después desperté y salí a la calle estaba aun oscura, no eran ni siquiera las seis de la mañana y solo tenia mi pantalón negro y mi camiseta y un desayuno en la bolsa y el cielo estaba nublado, estaba oscuro pero se veían nubes presagiosas sobre mi y me llegue al sitio de taxis y subí y arrancamos todo Miguel Ángel de Quevedo y luego dimos vuelta y atravesamos las calles viejas de Coyoacan y llegamos a los Viveros y no había gente en las calles frías y desoladas y gélidas y por fin llegamos a la estación del metro y aunque hacia frío y yo iba casi desnudo me eche a caminar con mi respiración de gato sintiéndome vivo y relajado y despejado y de ninguna manera preocupado por el escalofriante día que apenas empezaba, inicio de semana, y ahí se iban los recuerdos calidos donde estábamos juntos y de la mano por los centros comerciales y haciendo el súper y bebiendo cafés en los lugares iluminados y baje, digo, del taxi y estaba vivo pero cuando llegue al anden subterráneo esperando al tren en medio de toda la gente, sin quererlo, como si ellos me lo transmitieran, me infectaran, me ensuciaran, me hicieran olvidar lo que sentía allá arriba (vivo es la palabra), de pronto, sentí hambre y frío y me dije: son esta panda de tarados civilizados y esta pendeja idea del mundo que me dice “si ellos están arropados y somnolientos con sus caras pendejas de desaliento y aburrimiento rumbo al trabajo entonces tu debes sentirte igual” y entonces sentí frío y hambre y el dolor en el estomago me hizo vomitar y me dio un ataque y me convulsione y me fui contra la pared y al final me desmaye en medio del anden, sin esperanza, preparado para una semana de trabajo que empezaba nublada y agobiosa.

Y tal.

Merolico

Acabo de pedir un americano a mi asistente. Empezaré a temblar. A teclear insensato. Estaré alerta y desesperado. Sin sueño. Sin paz. Angustiado por terminar el trabajo. Es fin de semana y no quiero dejar ningún cabo suelto. No quiero que en mi ausencia se suelten las lonas y el frío y la lluvia desmadren el escenario. Mi escenario. Me ha tomado bastante tiempo construir esta ficción y no quiero que un simple descuido se lleve, los rostros impávidos, los arreglos y las decoraciones. Habitamos los espacios alegres, los palacios, los pasillos, presuntuosos, de la feria iluminada, con sus caras de risa, blancas y coloridas, los ojos siempre felices, los chistes al vuelo, las historias fantásticas, los relatos que te enredan, llenándote de sonrisas, las miradas, divertidas, voluptuosas, seductoras, amorosas.

Asi que, aunque me lleve la vida, el sistema nervioso deshecho, la función tiene que, como dicen los merolicos de feria, voces a medianoche, continuar, aun cuando, se termine el mundo y el corazón se detenga.



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