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Regreso (borrador)

Hasta hace poco tiempo, hablar de mi y en particular de mis infinitas manías y preocupaciones era, digamos, una situación ordinaria que no requería demasiado esfuerzo ni premeditación consciente de ningún tipo para lograr éxito y tal.

Los habitantes de este mundo somos primero del otro mundo. El real. Pero un día la luz del monitor nos obsesiona y perdemos control y somos raptados y nos volvemos dueños de un blog o habitantes de un foro y nos conectamos al msn o a yahoo o nos enganchamos en alguna comunidad de pequeños personajes visuales que caminan y forman colonias virtuales donde se intercambia de todo y nos ponemos el cliente peer to peer para bajarnos toda la música del mundo y llenamos el disco duro y escribimos historias lunáticas en la blogsfera perversa y encantadora con sus historias siempre actuales que se metamorfosean y nos asfixian y conocemos miles de internautas como nosotros y formamos un grupo y tienes a todos en tu lista y pasas la noche entera platicando con todos y compartiendo, intercambiando ideas y archivos e imágenes y ríes y amas y te encanta estar conectado como lo estas de esa manera tan invisible y miras paginas, miles de paginas y pornografía y denuncia y chistes y tecnología y webs que admiras y hay dioses y héroes y … un día…

Un día el mundo de la vida real nos ofrece La Visión que hace palidecer todas las masturbaciones mentales que Internet produce.

Y somos raptados de nuevo

A la vida real.

The Whole Damn Thing

Tengo la idea de que todo lo que haces en esta vida tarde o temprano lo pagas. Sobre todo el mal que haces. Lo pagas. No te vas al infierno, por supuesto. Pero de una u otra manera creo que vas a tener suficiente tiempo (y de verdad que será suficiente) para lamentarte. Ni hablar, el tema de los lamentos es cuestión recurrente en esta parte del mundo, sin lugar a dudas.

El mundo no es redondo ¿Has oído acerca de la teoría de cuerdas? El mundo es una cuerda que vibra como corazón pumpum y con cada vibración nosotros vamos de atrás hacia adelante y de adentro hacia fuera y recorriendo todos los extremos imaginables tratando inútilmente de permanecer en orbita y no despeñarnos contra las galaxias y las constelaciones que murmuran regalos en nuestros oídos rebeldes.

Tarde o temprano perdemos ritmo y la vibración-orgasmo-sideral-semen-bendito-en-nuestras-bocas se detiene y en este ronronear mundial de lamentos y regocijos nos partimos en dos y luego en cuatro y dolorosamente nos damos cuenta de que estamos muriendo y desintegrándonos y un pensamiento recurrente desde el principio cobra dimensiones monstruosas: es la obsesión la que nos alcanza y también la muerte y lloramos en el infinito aterrador porque no volveremos a beber del agua fría y cristalina que teníamos en el cántaro sobre la mesa.

Por eso nunca meto la mano al fuego. Por nadie. Porque cada uno de nosotros tiene una cita con el primer recuerdo que se nos grabó en la mente cuando nos dimos cuenta de que estábamos vivos y nuestro corazón se hinchó de esa engañosa felicidad rítmica y vibrante mientras aprendimos de ir de adentro hacia fuera, de arriba abajo, del bien al mal, del negro al blanco. De dios. Al demonio.

El chingón de los caBos

Cuando fui a trabajar a Los Cabos todas las noches me emborrachaba en el hotel. Tiraba líneas de código durante el día y cuando llegaba al hotel a las 7 de la noche me daba un baño y me salía a la terracita y pedía cerveza y me emborrachaba mientras chateaba en la portátil y miraba a las mujeres en la alberca. Lo mejor de todo es que hacia mucho calor. Me dormía desnudo y el calor se llevaba la resaca: amanecía feliz porque no estaba ni el dolor de cabeza ni la ansiedad ni tampoco ese tipo de sensación de vacío y negra desesperanza cuando la noche anterior te has bebido mas de nueve cervezas.

Cabo San Lucas y el Chingon de Los Cabos
Los Cabos, sa foto me la robe de internet

La primera noche casi no me emborrache, me salí a las calles y me llegue a la playa que estaba desolada porque recién había pasado un huracán y las olas relamían los destrozos de arena y basura en la playa destruida. Otra vez me fui a donde estaba La Acción, bebí mucha cerveza pero como no conocía las costumbres de aquellos lejanos lugares me mantuve reservado y como digamos, al acecho, gato precavido y tal. Un fin de semana los colegas de allá me invitaron al Tour del Aquellarre. Eso fue un día antes de regresarme. Cuando desperté estaba tirado en la playa, lleno de arena y con chichones en la cabeza, escupía sangre pero casi no estaba mareado. Me descubrí felizmente hecho polvo y sin rastro alguno de la odiosa resaca que en aquellos lugares NO EXISTE. Dios bendiga Los Cabos.



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