Así es como amanece en el lugar donde vivo

En otro tiempo recuerdo que limpiaba mis zapatos por las mañanas con un trapo húmedo. Cepillaba mis dientes. Había soñado que era fin de semana y yo no me levantaba de mi cama: en el radio programas para niños y canciones de flores con sonrisas exuberantes, muy rimbombante todo, las presentaciones del locutor, las adivinanzas que me descolocaban, las llamadas al estudio y las historias de paseos bajo el calido mediodía entre abejas y mariposas multicolores. Estaba feliz. Confiaba en que todo el tiempo seria mediodía. La noche anterior había dormido descuidado a mitad del pasillo: sobre los dibujos tachoneados y las historias fantásticas. Recordaba los cuadernos y las tareas, los deberes y las aventuras. Me preparaba para salir corriendo. Un día confeccioné un mapa del planeta donde vivía, dibujando horizontes azules, mesetas y arbustos donde vivían animales extraños, de cabezas grandes, cuernos extraños, manchas, colas peludas, ojos gigantes como esferas de esfinge encantada, soles que llenaban la hoja entera untados permanentemente con colores estridentes sobre las personas-dibujos de zapatos lustrosos y caritas sonrientes, flequillos, naricitas, vestidos de fiesta, o desnudos, en el mediodía de las playas y las albercas, los zoológicos y las fiestas, las salas de cine y los circos de acróbatas elegantes, con regalos en las manos y con genuinas sonrisas felices, había dibujado estrellas y planetas, naves de motores poderosos con banderas de colores, mas ríos y montecitos y animales en una selva de espectáculo con criaturas vivas, reptantes, agresivas, hambrientas, que dormían entre las ramas y hacían huecos en la tierra y dibujé dinosaurios y aves magnificas con picos enormes, los ojos ambiciosos, y carreteras, vías de trenes, trenes veloces, caminos que desaparecían en lejanía, en lontananza, como decían los libros.
Hoy si llegue muy encabronado. Pero muy. Y llego y la pendeja de Alejandra se me acerca toda inútil pidiéndome ayuda y yo con el puto enfado aguantando las ganas (de mandarla a tomar por culo) me pongo a explicarle como poner una puta imagen del fax en la memoria usb y cuando la muy capulla va a ponerle el nombre a su archivo la cago diciéndole que no ponga putos espacios en el nombre del archivo y entonces Julia me reclama (metiche, como acostumbra) por lo enfadoso que ando y Sandra (otra que se habia acercado) me dice maldiciones y yo voy y las cago a todas diciendoles que no aguanto que la gente vaya y ponga putos espacios en los nombres de archivo que por eso luego andan lloriqueando en los rincones que su puto archivo piojoso no se puede abrir en la maquina de Nancy (por ejemplo) y les digo que a estas alturas es una puta falta grave, es analfabetismo grosero escribir espacios en un jodido nombre de archivo.