En tanto coordino y comprendo que debo reestructurar mi tiempo y en realidad replantearme la necesidad de tanta asfixia y ubicuidad, tengo la necesidad, la imperiosa y absorbente necesidad, de explayarme y, cosa extraña y enfadosa, explicar coherentemente la ruta de viaje que actualmente sigo: para no extraviarme (cosa harto incomprensible en mi), para no olvidarlo (insistamos y empinemos la botella) y, razón suficiente solo el atolondrado (y la bruja risueña amorosa y calientita como pan recién fabricado) pueden entenderla: para cambiar el punto de vista.
Ella ha escrito la encantadora historia de La niñita que amaneció con hambre.
¿El? (mono atrabiliario egocéntrico masturbatorio fake y exhibicionista) ha comenzado a escribir la inmediatez en twitter.
Un día decides que quieres conquistar el mundo y comienzas a colocar tus piezas sobre el tablero. El mundo es el tablero. Te vuelves meloso y dicharachero. Aprendes chistes nuevos. Trucos complicados. Envuelves a tus coleg@s con promesas de resurrección. Con proezas y pirotecnias. Aprendes los saltos mortales. Los acertijos y las malicias. Estas desenganchado. Cuando la hermosa princesa de misterios inalcanzables y voz de ensueño se aparece le cagas a catorrazos. La mandas a tomar por culo apresurado para que deje el camino libre. Cuando el desenfadado se presenta reclamando los tesoros le mandas a la mierda. Te has vuelto demonio. Les desmadras con tu voz de fuego. Has decidido mandar a tomar por culo las avaricias y las envidias. Quieres conquistar el mundo y las promesas y los regalos te las traen floja. Al carajo los principios y las contemplaciones ¡A por todo!