Soñé que llegaban unos soldados a donde vivía y teníamos que ocultar toda la mariguana que estaba en la mesa. Tambien soñé que estaba en las calles en medio de una oscuridad extraña porque había luces en las calles pero era de noche y había gente y todo era como fantasmal pero yo me salía de donde estaba y me iba a la calle. Y luego veía al zanca pescado y se andaba peleando. Era mas tarde cuando aparecían a los soldados y decía “¡corre a ocultar la mariguana!”.
También tenia que darme un baño y aprovechar que caía agua caliente de las regaderas pero no había puerta del baño y el baño era un salón enorme como un merendero y la gente pasaba y me veía desnudo y yo tenía que bañarme antes de que se acabara el agua caliente.
A veces tengo un sueño extraño y me pongo a escribirlo y mientras lo escribo tengo recuerdos de otros sueños pasados que no había tomado en cuenta. Todo es como recordar algo hasta después (pero mucho después) de que eso ocurrió
Soñaba que por andar tomando drogas me salía sangre de la nariz. Una sangre espesa que me ahogaba. Luego tosía y me salía tambien por la boca. No podía respirar porque me salía por la nariz y por la boca esa horrible sangre espesa de color azul que me ensuciaba entero al salírseme y salpicarme completamente.
(offtopic: el proximo viernes 19 es mi cumpleaños, manda regalos)
Cuando era chico me andaba enfermando de la fiebre reumática y un doctor me recetó unas inyecciones que cuando me las ponían dolían que te mueres y me dejaban la pierna paralizada al punto de que no podía caminar bien solo como perro un cojo que le hubieran agarrado a patadas en el huesito de la pata.
Lo que si es cierto es que aparte de los dolores de inyecciones y tal, las rodillas siempre me dolieron desde que había nacido. Creo que cuando aun estaba en la nata primigenia las rodillas ya me dolían.
Fuimos con varios doctores y siempre era la misma roña: al principio me mandaban a hacer exámenes médicos y ahí ves al pobre nuececiLLo en potencia poniéndose para que le sacaran sangre. Me sacaban tanta sangre que invariablemente me desmayaba en los regresos arriba del metro o en el colectivo cuando regresaba de la mano de mama. Entonces me daban a beber jarros de agua para que se compensara.
Un día, uno de esos alcohólicos decidió que la fiebre reumática se iba a quitar si me extirpaban las amígdalas.
Y que me las extirpan.