Hoy llegue temprano a tocar la puerta donde trabajo y me respondió la misma voz de siempre: son burbujas de jabón que te resbalan enfadosas.
Después me dejó entrar.
Trabaje nueve horas seguidas.
Cuando salí había oscurecido. La primera puta había llegado y me sonreía amistosa. Estaba en la esquina aun desolada con su sonrisa impermeable y su piel perfumada.
Ya era de noche.
Es fin de año. De regalos quiero abrazos y fiestas interminables. Prometo no tomar mucho. Poco alcohol. Pocas drogas. Presumiré mis ropas lujosas. Mis zapatos relucientes. Me portaré bien y no echaré mucho desmadre.
Yo estaba ahí. Caminando nadamas. Realmente extraviado. Sin dirección alguna. Entonces la encontré.
…era la cálida inconsciencia de la vida donde te amanece temprano y ambos arrebujados y hechos nudo y mirándose a sus ojos enormes brillantes luminosos y llenos de amor y donde te hundes en la esencia y pasas horas enteras días enteros galaxias completas realmente enamorado porque todo es como mil realidades distintas todas abrumadoras y totalmente absorbentes cuando están en el centro comercial y cuando compran alimentos en las noches para mirar la televisión ambos juntos ahí o cuando recorren los pasillos de artesanías míticas de figuras pájaros animales coloridos y utensilios prehistóricos y hay libros y pan y bebidas energizantes y beben vasos de leche con panes calientes mientras en la televisión los conflictos de ficción les entretienen y afuera sopla el viento y se oyen pájaros desconocidos en el techo o luces como tormentas antiquísimas que les hacen tener miedo y abrazarse temerosos en medio de la noche mientras platican que antes eran animalillos abrazados en cuevas imposibles…
Sigo extraviado. Creo que tengo visiones. Sin dirección alguna. Apariciones que se disuelven. Que me besan. Que luego se alejan.