Es increíble que seamos tan monos egocéntricos ciegos y estúpidos como para pasar del bienestar tan dramática y estúpidamente como lo hacemos. Hoy voy de exagerado. Deje de fumar apenas el lunes y me siento tan bien que estoy dispuesto a soportar todo tipo de comentarios tipo “qué pendejo estas hoy nuez¨. Digo, siempre he creído que tirarte en el fango y ensuciarte hasta quedar hecho un desastre, al final termina por fortalecerte. Si eres capaz de salir a la superficie y darte cuenta del ridículo que te has vuelto entonces lo tienes hecho. Uno debe ser capaz de tener el puto control de la vida. Aunque la odiosa hijadeputa al final termine por cagarse de risa en tu cara. Entonces es posible ir por la vida todo mesurado y controlado y al mismo tiempo desmadroso y sin lazo alguno, echando vacile sin parar pero preocupándose todas las mañanas de alimentar al gato remilgoso que te despierta con su lengua rasposa cuando es sábado por la mañana y tu estas tirado en medio del pasillo porque no te dio tiempo de llegar a tu cama bendita. Y tal.
Me siento tan bien que prometo no volver a tocar un jodido cigarrillo en lo que resta del año. No volver a tomar ni una puta gota de alcohol. Seré bueno. Ayudaré a las viejecillas a pasar la calle. Haré carantoñas a los bebes de brazos. Estoy salvado.
No me gusta cuando hace frío porque es como el fin del mundo. En el cielo solo se ven las nubes apretadas y negras y que se desplazan malignamente empujadas por el viento gélido e hijodeputa, es como la visión de Blake. A me dice que por la noche me saldrán chapitas y mi rostro estará congelado, dice que el viento sopla y se mete por entre las cobijas y dice “uhujuhu” mientras hace revolotear mis cabellos semidormidos. Imagino el sueño de Kurosawa, donde los pobres infelices están arriba de la montaña y la tormenta de nieve les quita las energías y les instala el sueño eterno y luego aparece un demonio-bruja que pretende llevarse sus almas despistadas con sus cabellos jodidamente largos como viento congelado que desmadra la piel y se lleva el calor en un instante. “No tengo miedo”, le digo a A mientras me arrebujo entre las cobijas, “no es de miedo”, me dice festiva, con su sonrisita amorosa y divertida, “¡es de frío!”. Y comprendo que necesito al menos tres cobijas.
Me gusta Roll With It Baby de Steve Winwood, una rola de 1988 que si estas drogado o un poco colocado, te pone a pensar en los pájaros y en las abejas mientras te dejas ir así todo sin complejos y sin emociones. Creo que tengo un problema. Quiero permanecer en un mismo sitio sin moverme y en realidad como si estuviera completamente congelado y fuera estatua de hielo o personaje festivo de carreras y tropiezos cuando la voz te aúlla: “¡encantado!” y las condenadas manitas desesperadas te alcanzan y te tocan y te aferran con sus rabia de recién nacido temeroso pero tambien urgente y deslumbrante. Y no puedo. Creo que la bruja de mil voces y de ojos fulgurantes me comió la lengua y me prendió fuego en el trasero condenándome a correr desesperado hijodeputa fulgurante deslumbrante floreciente animoso encabronado y engañoso para escapar de las miradas vigilantes amorosas complicadas y como carbones de fuego que te comen extinguiendo la esencia que palpita insomne y corre desesperada como sangre rebosante y llena de fuego por tus venas hinchadas y luminosas.