Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. bellaCo bebía jugo de naranjas mientras escribía en su cuaderno de viajes cuando escuchó una voz que le salpicó la cara. Comenzó a reírse descontroladamente porque la voz le hacía cosquillas y le quitaba la respiración.
Había pasado tres días escribiendo en su cuaderno de viajes sin darse cuenta de que la marea había subido. En las historias mágicas que escribía había higos enterrados y animalillos del bosque como pájaros y abejas y mariposas y zorritos peludos. Pero de animales marinos nada. El agua salpicándole y la risa descontrolada le devolvieron a la vida real donde pececillos multicolores y todo tipo de animalillos marinos le miraban sorprendidos sus colmillos filosos de perro mientras se reía como demonio, fascinado por la voz de la sirena aquella que la marea había traído.
En su efímera y singular vida bellaCo jamás había visto una sirena. En su infinitos viajes por otros planetas tampoco. Nunca había escuchado una voz como aquella que resplandecía como agua salpicándole y sacándole risas espontáneas que le hacían revolcarse festivo en la arena de aquélla playa submarina.
Recuerda que paso la tarde entera cagandose de risa por las cosas que la sirena le contó y sorprendido con la cola de pescado que la sirena tenia y enamorado de sus colmillos de perro que… ¡Las sirenas tambien tienen colmillos filosos de perro!
Y si. Sigo pensando que debemos considerar seriamente la tesis de Jack Kerouac acerca de la felicidad y la belleza en si. Hurtando el cuerpo a la arpía de ojos malignos que se refocila en medio del odio desorbitado y que nos come la energía segundo a segundo convenciéndonos de que somos Dioses principales.
Aun así, yo no seria capaz de meter la mano al fuego defendiendo fulgurantes ideas. La Verdad puede cuidarse sola (como si fuera lo bastante estúpida como para necesitar defensores, Nietzche dixit). En tanto, bebo de la taza de café y espero la llamada de A. Estoy enamorado. Sirena pregunta si acaso han notado algo. Ya no soy el tipo que ayudaba a sus amigos y que confeccionaba blogs y decía chistes y escribía textos pedinches y sofocados. Que inventaba historias dibujadas y aparecía ingenuo y desbordado. Que platicaba historias simpáticas en charlas eternas por el msn por skype o por la linea telefonica, incluso.
Algo ha cambiado. Y no es que piense dejar los blogs ni abandonar tan festiva costumbre. Pero ya no estaré de fijo en el msn. Ni publicando descabelladas historias tres veces por semana. Estoy enamorado.
Invoco a las dulces hadas de vestidos diáfanos y aterciopelados para que les toquen el dulce y amoroso corazón suyo que bombea esa cálida sangre desesperada y que palpita por escribir historias complicadas en la blogsfera infinita. Y les pido para que me envíen historias que puedan ser publicadas en Nueces. A todos mis amig@s.

Creo que el pájaro que atrape hace tres semanas se ha vuelto loco. No me deja escribir. Pasa de la medianoche y ha roto los platos con su jaula. De pronto se volvió loco y comenzó a revolotear hasta que se ha caído (con todo y jaula) de la mesa llevando consigo el plato de cereal y uno donde estaba un pan. Me he dejado sin cena.
Todo esta casi en silencio, terminaron las canciones de Bob Dylan y ahora suena Lila Downs, con esas canciones festivas y cínicas. El pájaro se ha calmado y, fuera de la jaula, se ha parado, después de estar en mi cabeza, en mi hombro. Parece que lee lo que tecleo en la pantalla. Pero nada de eso. El cabrón picotea dentro de mi oreja sacándome suciedades. Siento cosquilleos pero es soportable.
Las patas del pájaro, (débiles extremidades hace dos semanas), se han fortalecido, ya no están débiles ni sonrosadas, le salieron pequeñas arrugas de patas de pájaro y se han puesto mas oscuras. Creo que me esta rasguñando el hombro. Estoy desnudo y casi me molesta.
Era un sábado cuando regresaba por la mañana y justo al cruzar el baldío el pájaro se cruzo en mi camino. Era uno extraviado que no podía volar y daba saltos confusos. Pensé que se había caído de su nido. Pero no había ningún nido cerca ni nada parecido. Entonces lo agarre y le dije: ¡vuela pájaro tarado!, arrojándolo al aire. El muy capullo agito sus alas y trato de volar. Inútilmente. Cayo inmediatamente en la tierra y siguió saltando desconcertado. Decidí llevarlo conmigo. Un vecino me regaló la jaula y ahí lo metí. Le di rastros de pan y me fui a dormir.
Ahora han pasado tres semanas y el pájaro revolotea sobre mi cabeza. Se aburrió de picotearme la oreja. Creo que la ha limpiado y después se ha aburrido.
Abriré la ventana para que se largue.
