Me gusta hacerme el tonto porque te ríes. Si hacerme el tonto es explicar las cosas mas sencillas con profusión y entusiasmo. Cosas como que estaba dormido cuando llamaste y desperté y pensé que había amanecido pero al instante siguiente recordé que debía ser media tarde porque llegue al medio día y me dormí para despertar a las siete de la noche para seguir echando desmadre, pero entonces me llamaste y aun no eran las siete de la noche porque la luz entraba por la ventana y me dijiste “¡Soy yo!” y dije “Hola” y no recordaba nada y luego ya me volví loco porque me andabas llamando y me enteré que no eran las siete de la noche porque estaba la luz en la ventana y hablamos mientras yo dormitaba pero al mismo tiempo despertaba feliz de estar hablando contigo y me dijiste “¡Despierta so burro!” mientras te reías y corrí a darme un baño y quedamos a las cinco de la tarde aunque mi cabeza aun daba vueltas y no comprendía como eso era posible si ya había dormido lo suficiente y no había tomado muchas cervezas pero mientras te lo contaba tu te reías con esa sonrisa tuya que ilumina tus ojos brillantes como de recién nacido con ese brillo infinito que me mata y me hace hablar y contar cosas simples sin parar porque estoy seguro que te encanta que siga como merolico diciendo cosas una tras otra mientras me río y nos miramos a los ojos y nada es complicado ni confuso.
Un día el gato estaba buscando novia. Decidió que tenia que ponerse en movimiento si quería encontrar novia pronto. Se consiguió un trabajo haciendo comerciales en televisión. Exterminó a todos los ratones del vecindario para ganar fama. Tenia peleas todos los días con los perros callejeros tratando de obtener respeto. Ayudaba a las viejecitas a pasar la calle y cuidaba niños pequeños en sus ratos libres. Era el gato mas esforzado y bien portado de la comunidad felina, tenia el respeto de sus enemigos y una reputación intachable. Sin embargo el gato no veía resultados, no podía conseguirse la novia que necesitaba. Aunque todo el mundo lo admiraba y las pequeñas gatas solteras del vecindario pasaran la noche entera maullando bajo su ventana.
Pero era un gato necio. Firmo un contrato para una película de aventuras felinas. Recorrió el mundo entero y gano los premios mas inalcanzables. Se volvió el gato mas famoso de la galaxia entera.
Pero de su gata pareja no veía ni rastro siquiera.
Cuando era niño me gustaba mucho que mamá llegara. Ella siempre andaba trabajando y no la veíamos en todo el día. Unos días tristes y agobiosos. Unas tardes hijas de puta. Por la mañana estaba en la escuela y aunque había mas niños y niñas y maestras y dibujos en cuadernos cuadriculados, de todos modos no me gustaba. Me gustaba cuando era el recreo y me ocultaba atrás de los tinacos en complicados juegos donde todos corríamos a escondernos en medio de gritos festivos. Me volvía de colores y desaparecía como humo mientras las miradas se fatigaban.
Quiero volverme de humo nuevamente y ocultarme detrás de los tinacos donde hay nidos de arañas y pequeñas sabandijas de dientes brillantes. Me las comeré a mordiscos con mi hambre infinita y visceral. No me importa que en la carrera tropiece y caiga escaleras abajo rebotando contra los filos pum pum pum y desmadre mis huesos de nieve derretida.
Me volverán a crecer dientes de perro para asustar a las niñitas de vestidos almidonados y lápices de colores. Les daré besos en la boca y echaré a correr escapando de la maestra que me ha descubierto, con mis veloces movimiento de brazos. Y nadie podrá alcanzarme. Ni aunque saquen manguerazos de agua fría para detenerme. Robaré refrescos de sabores para aliviar mi sed y el jodido entusiasmo que cosquillea y me obliga a seguir y seguir hacia esa deliciosa luz que instala la luminosa mañana.
Y aparecerá mamá para darme alimentos y terminar con esas tardes silenciosas y pendejas.