Algunos fines de semana me prendo fuego. No muy seguido. El problema es que uno puede habituarse. Muchas cosas me la traen floja: los pájaros salvajes que se roban a las princesas para llevarlas a sus nidos gigantescos, la voz en el sueño que me repite “mirate las manos!”, las drogas recreativas, las rayas de coca. Pero prenderme fuego no: es cuestion de que lo intente solamente una vez para repetirlo a cada momento. Con cualquier pretexto. Me importan un carajo las formalidades. Me prendo fueGo y punto.