¿Si te duermes y de todos modos tienes sueño?

¿Por qué al terminar los comerciales todos los locutores de la radio y la tv empiezan a hablar y, digo, por qué cuando empiezan a hablar lo primero que hacen es tronar la boca?
Como si tragaran. Como si tuvieran la boca llena de baba.
No es difícil bajar del árbol. Bajamos como demonios a recoger semillas, basurillas que la gente deja. O alimañas extraviadas. Todo el tiempo tenemos hambre. A veces mejor dormimos lejos de las miradas, así olvidamos el hambre. Cuando es de plano necesario, bajamos. Recuerdo cuando estábamos en jaulas y nos daban comida, entonces estaba bien. Diario nos daban comida, semillas sobre todo, cáscaras y plantas verdes. Pero no nos gustan las plantas verdes. Un árbol no se come. Un árbol es una planta verde. Un árbol nos sirve para dormir y protegernos. Pero no se come.

A veces sucede que son días soleados y podemos bajar de los árboles sin necesidad de preocuparnos demasiado. Son días sin gente porque el parque esta cerrado. Entonces llegamos hasta el lago y miramos a los patos. Un día quiero ser pato. Flotar con mi culo emplumado y recorrer todos los rincones de esa gigantesco lago donde sopla el viento y donde brilla el sol y donde no hay peligros ni complicaciones. Los patos hunden su cabeza en el agua verde y dicen cua cua y se juntan en corrillos a platicar sus aventuras. Sus pato-aventuras. Los patos nunca se pelean, todos son amigos, siempre están echando desmadre. Además, los días de gente no tienen que preocuparse por nada: la gente no puede alcanzarlos porque ellos viven en la isla central del lago y andan flotando ahí y la gente nada mas lo ve pero nunca intenta hacerles daño. Eso es un misterio: nosotros si tenemos que cuidarnos. Arriba de un árbol. Porque ellos te agarran y te maltratan y te quieren llevar a lugares lejanos y si traen compañía como gatos o perros esos nos comen a mordiscos o nos corretean y nos asustan con sus dientes filosos y sus garras feroces.
Las ardillas somos mas chicas. Por eso subimos a los árboles y desde ahí observamos todo alrededor y, cuando se puede, bajamos a comer cáscaras o alimañas inofensivas o alguna semilla olvidada, como nueces o frutas pequeñas.
Pero casi no me gusta ser ardilla. Porque siempre me ando cuidando del peligro y, además, siempre tengo hambre. Mejor quiero ser pato. Si, quiero ser un pato.