Nux fulguris

confiTe de uÑa

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Una lluvia de confites grandes como granizos inundó la parte oeste del planeta, es decir, la casa de bellaCo.

En el jardín de la casa había florecillas silvestres que bellaCo arrancaba con sus filosos dientes y se las comía de un bocado. También crecía una planta carnívora a la que bellaCo le cantaba canciones de cuna para mantenerla dormida.

El día de la inundación de confiTes, bellaCo llegó tarde a su casa porque se entretuvo convenciendo a Büilare de que le prestara su nariz, lo que logró luego de tres larguísimos segundos. Todo el camino de regreso a casa se fue olisqueando los árboles de manguiTos. Antes de llegar, percibió doblemente el olor delicioso de los confiTes y brincóeo de alegria.

Bajo sus pies desnudos, en la tierra del jardín, sintió millones de confiTes. Cómodamente sentado en su piedra favorita, comenzó a chuparse los pies. Se quedó muchas horas lamiendo y relamiendo las plantas, los dedos, el empeine, las uñas.

¡Las uÑas! Esa noche de inundación bellaCo pensó que nunca jamás su maestra volvería a cortar sus uÑas. Uñas de limón, de manzana, de piña. Confites de uñas.

A bellaCo le sobrevino una diarrea que todavía no para.

¡Gracias, rOdaRi!

tenGo hamBreee!

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Büilare estaba sacando pececiLLos de aquel río porque tenia hambre. Estaba enfadada porque solo se habia comido tres. Los pececiLLos nadaban muy rápido y escapaban invariablemente de su alcance. Encontró tres hormigas flotando y se las comió, cinco algas resbalosas y también se las comió. Los pececiLLos huian en cuanto la sentian. Entonces Büilare puso en practica el viejo truco de hacerse invisible, cerro los ojos y dejo de respirar. Despues de tres minutos pensó “¿y ahora cómo los atrapo si tengo los ojos cerrados?” Durante ese tiempo los pececiLLos habian formado una multitud espectante. Cuando Büilare abrio los ojos los pececiLLos se le cagaron de risa en la cara, al instante siguiente escaparon en medio de risas festivas. Büilare quiso llorar, pero tenia demasiada hambre. Entonces se enfado más.

Se bebió de un solo traGo aquel estanque con todo y pececillos y algas y hormigas flotando. Se los tragó uno a uno saboreandolos y luego se puso a reir.

Cuando termino con aquello se echó a dormir.

Correr

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Habia un soL pegajoso que iluminaba todo. Los niños estaBan jugando en el patio mientras bellaCo se comía un manguito amariLLo. Mientras comia aplastaba las hormigas rojas que le trepaban por las piernas. De vez en cuando soltaba un gemido casi inaudiBle. Los piquetes de las hormigas le hacian ronchas que inmediatamente se ponian rojas. bellaCo mataba las hormigas pero ellas, necias, trataban de hacer un camino sobre él rompiendo la fila demasiado transitada que habian formado en aquel rincón del patio. Cuando acabó su almuerzo de manguitos amariLLos bellaCo se sacudió las hormiGas y buscó a Büilare.

En la puerta del salón la maestra con un cortauñas en la mano, cortaba las uñas de una fila de niños. Más allá, habia una competencia de carreras. Büilare habia organizado las competencias porque pensó que todos esos niños estaban muy gorDos. Cuando bellaCo los vio, ademas de gorDos, estaban rojos. Y sucios. Y sudorosos. Y enfadados. “Tu siempre ganas”, le reclamaban a Büilare.


Entonces bellaCo se acerCo (despues de que la maestra le cortara las uñas, le echara una pomada que ardía sobre las ronchas que traía y le pidiera el ultimo manguito amarillo que no se habia comido). Se acerco y reto a correr a Büilare.

Todos hicieron gran alharaca cuando ambos se pusieron en sus lugares. Los niños estaban felices de que alguien pudiera vencer a Büilare. Entonces bellaCo se dio cuenta de que en serio hacia mucho calor. En aquel planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta aquel sol era el mas pegajoso y enfadoso que jamas habia sentido. Le ardieron aun más las ronchas, ¡no!, la pomada que le habia untado la maestra (¡mira nadamas como traes las patas!). Por eso, cuando echaron a correr, dejo atras con mucho a Büilare.

Hubiera ganado aquella carrera si no le ataca ese espantoso dolor. Aquellos manguitos que se habia comido no soportaron tanto alboroto dentro de su estomago. Despues de tres vueltas al patio vomito cinco manguitos. Siguió corriendo pero Büilare, muerta de risa, le habia pasado. Vomitó dos manguitos más al llegar a la meta. Pero ya Büilare descansaba en medio de risas y del enfado de todos los niños.

Fue mas tarde, cuando bellaCo y Büilare y los niños y la maestra y el sol se habian ido, que aquella fila interminable de hormigas rojas descubio los manguitos vomitados.



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