Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
En la única esquina del planeta, estaba una maquinita de golosinas. A Büilare sólo le bastaba insertar una moneda para disfrutar fantásticos chicles que salían disparados por la apertura de salida.
Una tarde, Büilare se encontró tres monedas en la arena y las metió al orificio de entrada, con las manos sudando y los ojos de risa. Salieron chicles de todos los sabores: kiwi, melocotón, chicozapote, sandía, frambuesa… Eran millones de chicles. Y Büilare se metió a la boca todos juntos. No le dejó ninguno a bellaCo, que estaba hablando con una piedrecilla.
Cuando bellaCo aspiró fuertemente el olor delicioso de los chicles, sólo vio las patas de Büilare que ascendían por el cielo. Había hecho una bomba enorme que la elevó por los aires y la sacó de la atmósfera. Büilare miró lo mejor de todo desde arriba.
bellaCo se quedó mirándola hasta que se perdió en las alturas. Pensó en la fiesTa que le ofrecería de regreso.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Y es que bellaCo tenia hamBre. Un hamBre antiquísima y celestial que le venia siempre que se daba cuenta de algo. Pisaba una rama, escuchaba el ruido, se daba cuenta y decía: “tengo hambre”. Caían las goTas de lluvia, le mojaban la cara, se daba cuenta y decía: “tengo hambre”. Encontraba un árbol gigante de guayabas, se trepaba a el y se comía tres mil guayaBas, se daba cuenta y decía: “tengo hambre”. Podría ser un aburrido repitiendo siempre la misma frase, el mismo mantra como necio monje perdido. Pero la repetía, la frase, digo, entre otras tantas mil que tenia siempre en la boCa. Cuando corría por ejemplo, corría como demonio, a veces por el mero placer de correr y se le gastaban sus zapatos y a veces se rompían y quedaban hechos puras miserias y el se detenía cuando las piedras del camino le lastimaban y se daba cuenta (también se daba cuenta) y decía “chingón”. A veces no decía “tengo hambre” sino que decía “chingón”. O cuando las luces de la fiesta eran espectaculares y casi media noche y el dj ponía la mas mejor rola del mundo mundial y todos a una aullaban y era una versión totalmente electrónica sin voces y sin nada del Tears From The Moon y todo era perfecto porque por fin habían logrado subir y estaBa bellaCo y Büilare y era una fiesta eterna y entonces digo, sonaba la mas mejor rola del mundo mundial, era el momento, el momento, el puro momento y bellaCo ¡se daba cuenta! y gritaba poseído, todo a oscuras, las luces palpitantes y la música, y bellaCo gritaba (porque se daba cuenta), gritaba: “¡chinguen a su madre todos!”.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
bellaCo se comio tres sandias y lueGo le dio sueño. Ya era muy noche y la luna sobre el iluminaba todo aquello. Se colgó del primer árbol que encontró y luego se durmió. Aquel fin de semana bellaCo estaba tan cansado que no escucho a Büilare cuando llego y lo agarro a patadas. “¡Anda despierta, vamos a echar desmadre!”, pero bellaCo no la oia, estaba soñando que iban en un camion y era medio dia y todo estaba iluminado y tenian comida y se divertian porque habian planeado ir al campo a subirse a una lancha y buscar peces de colores para el almuerzo, entonces el camion donde iban entraba a un tunel oscuro y toda la luz del medio dia desaparecia y entonces solo era la oscuridad del tunel pero alla a lo lejos se veia de nuevo el dia y la luz solar y ese camion iba rapidisimo y todo era tan emocionante que bellaco se soltaba aullando y gritando de pura genuina felicidad aaaaaaauuuuuu.
Gritaba tan fuerte que Büilare dejo de patearlo. Asustada, se acerco para mirarle de cerca. Pero bellaCo seguia dormido. Entonce Büilare se dio cuenta de que estaba perdido, soñando en un mundo ajeno. Le pellizco una nalga y bellaCo no dijo nada. Le dio chupetones y bellaCo siguio dormido. Alcanzo a reirse. Pero luego ya.
Entonces Büilare se aburrio y decidio irse a tomar x culo. Ya despertaria ese cabron desmadroso. Aprovecharia la luz de luna para echar desmadre. Ya sería.