¿Los diBujos de pesCado y la piñata de pesCado y todo eso?
Se murió el Jefe pesCado

Le prendí fueGo.
Aunque se dijera mil veces que se sentía mal, tenia que levantarse. Tenia que levantarse y echar a correr. Escapar de todo eso. De eso que ya se le echaba encima. Mirar todos esos rostros desfigurados para ayudarlos a recomponerse. Sonreírles y decirles, estoy bien, no me paso nada, de veras, estoy bien. Pero le dolía respirar, le dolían los huesos y no se podía mover. Cerro los ojos. Al instante siguiente ya no estaba ahí. Aterrada, los abrió violentamente. Cada vez había mas rostros. Y voces, lejanas voces que algo gritaban. Pudo, con gran esfuerzo, levantar la cabeza, pero le impidieron seguir. No te muevas, creyó que decían. Ahora estaba llorando porque sabía que se iba a morir. Y sus lagrimas caían sobre su rostro como de un recipiente roto que ya no puede contener nada. Allí tirada sintió que un viento helado se desataba. Y toda esa gente a su alrededor era parte misma de un doloroso y violento remolino de polvo frió que le nublaba la vista y le obligaba a parpadear repetidas veces. Recordó que era de noche. Era de noche y podía ver cada detalle de esa multitud alrededor que esperaba una ambulancia mientras ella, ahí tirada, sin remedio, sin esperanzas, sentía como eso se le echaba encima y lentamente la desintegraba.
El fin de semana: