Nux fulguris

Belinda (iii)

Pero no le hacemos caso y nos ponemos a contar el dinero. Quince mil pesos. Es tan poco que me muero. Creí que Belinda se enfadaría. Pero no. Esta noche va de fría y calmada. Es la desesperación. Todos somos unos cabrones desesperados y necios, inquietos como infantes primeros. Y aunque nos hemos roto la boca y los huesos y hemos caído más de una vez, pues que no entendemos o no queremos entender o simplemente nos la trae floja toda esa barbaridad repetida por todos en más de una ocasión de que debemos ser buenos y calmados y las cosas bien o mejor no hacerlas y ya.

Sucede que gastamos mucho. Siempre gastamos. Y tenemos demasiados sueños y propósitos todos locos y disparatados .

- Ah, lo mejor de todo es que al final siempre sucede, ni me digas que tengo que esperar y eso, que en este momento no me interesa, vamos a dejarnos ir ¿va? ¿Miraste hace un rato, justo cuando se abren las puertas y me dispongo a bajar del metro? Mira: antes de llegar a la estación yo me acerque a la puerta, no había gente en el vagón y parecía que yo era la única que bajaría. Pero va llegando el metro a la estación, al anden y tal, y justo cuando se van abriendo las puertas y salgo, precisamente detrás de mi va bajando otra persona, pero resulta que pongo un pie afuera del vagón, y voy a poner el otro pie y la persona detrás de mi me pisa el zapato, me pisa el pie por la parte de atrás y se me sale el zapato y fue horrible porque por poco y me quedo con la mitad de mi dentro del vagón y la otra mitad -de mi- sin zapato afuera del vagón ¿te fijaste?

- No te pases, no me di cuenta: te vi justo cuando estabas frente a mi.

Y seguimos riendo, la mesera nos mira con un gesto de fastidio en la cara: par de idiotas, dice, y supone que no sabemos. Nos da más risa. Es fin de semana y la inútil esta ahí, maldiciendo la puta suerte que se carga atendiendo a un par de cabrones risueños y amorosos en lugar de estar en algún antro poniéndose tope borracha y buscando jale para tirarse a un capullo que al final le dejara frustrada y encabronada: que le den x culo a ella y a todo mundo, sería capaz de asaltar ese jodido lugar para conseguirle más dinero a Belinda, sería un asalto del tipo película-violenta-de-drogas-y-viciosos. Pero ahora soy bueno, soy un pan.

A Belinda no le importa. A mi menos. Se trata de moverse, de hacer, de pasar de todas esas estúpidas ideas hechas que nada más producen enfermedades mentales en todo mundo, y si no, ahí esta esa pobre meserita.

Al final Belinda juntara el suficiente dinero para largarse a Tijuana y perfeccionará su inglés y ganará más dinero y si puede, se ligará a un cabrón gringo que le permita conseguir una residencia legal.

Eso me pondrá grave. Se me pasará.

- Y antes de que me diera cuenta el tipo detrás de mi se adelanto y no pude decirle nada. Estaba aterrada acomodándome el zapato y cuidándome de que no se cerraran las puertas del metro. Por suerte el zapato no se me salió por completo y solo la mitad había salido, que me lo acomode rápidamente mientras caminaba y me alejaba del metro.

- Le hubieras dicho cabrón aunque sea.

Belinda (ii)

- Imagina: es mi propio pasaje, el de mi niño, el de la muchacha, además, necesito dinero para llegar allá y encontrar algo donde quedarnos -Hace gestos y manotea al decir.


Se deja ir. Me recuerda la historia inicial. Cuando se fue a tomar x culo de su casa y simplemente se largo sin demasiadas explicaciones. Entonces subieron todo en bola a la camioneta y no pararon hasta llegar a Tijuana. Aun no estaba el niño y todo era más fácil, dice, justo como un puto Chris Liebeng a todo volumen y sudoroso e intenso y uno solo podía ver las putas luces y la velocidad y relámpagos imprecisos de recuerdos donde estaban en la calle y tenían hambre y luego alguien conseguía comida y comían y era un trabajo un lugar donde dormir y preguntas buscar cómo hacerle cómo pasar al otro lado y personas-demonios que te ofrecían el paraíso a cambio de tu alma entonces era el cambio de música y todo sonaba aun más fuerte y esquizofrénico y el Chris Liebeng de los huevos subía y subía y subía y ahora el demonio aquel tenia su alma del pescuezo y ella conseguía por fin cómo montárselo y conseguía la manera de ver, de lejos, entre tanto, el tan ansiado destino pero entonces ya no tenían hambre ni frío y si en cambio se lo estaban montando y se estaban divirtiendo como nunca como nunca y las luces y la música y las platicas y eso por fin estaba sucediendo


Estamos riendo como tarados. La mesera hija de puta nos esta corriendo.


Belinda (i)

Es una historia pero por partes. Partes chiCas. ^____^

El lugar esta en el metro insurgentes, a dos calles, salimos a la glorieta y la atravesamos, pasamos entre la gente que llena el lugar, los rebecos escatos, los miserables en las bancas, una mujer sola, pasamos el café internet y nos dirigimos a la salida hacia la avenida.

Antes la estuve esperando en el metro sevilla. Pero llego puntual, cinco minutos después. Digo, cinco minutos después no es nada, sobre todo cuando has esperado semanas para encontrarte con ella. Hay quien puede desesperarse y arruinar una tarde, un día entero o una noche de fin de semana. Yo no. Me he vuelto paciente y temeroso de lo Inevitable. Mejor me dejo ir y espero.

Ahora estamos uno frente al otro. Comiendo y diciendo cosas, mirando la gente a través de los cristales y tomando coca. Yo nada más escucho, acabo de prender un cigarro: eso esta mal, siempre me mareo con los jodidos cigarros, es una lesión cerebral supongo, pero ahí voy, necio y apático al buen comportamiento.

Ella esta haciendo planes para irse a Tijuana, a trabajar allá. Quiere irse ya pero ahora no esta sola: tiene al niño y eso lo cambia todo. De estar sola ya se hubiera ido a tomar por culo sin pensarlo demasiado. Ahora tiene que ahorrar para llevarse al niño y tiene que buscar como hacerle para conseguir una muchacha que lo cuide. Tiene que buscar a alguien dispuesta.

Me cuenta todo eso mientras se come el pan que le han traído. Ella es bonita que te mueres. Hace un rato, mientras la esperaba en el metro a que saliera del trabajo, pensé que se lavaría la cara se recogería el cabello y me encontraría con una Belinda demasiado simple. Pero me equivoco, siempre me equivoco: soy un capullo despistado adolescente y temeroso de lo que su-ce-de-rá. Ahora que platica y dice cosas la observo, su boca limpia, sus labios, sus ojos de luz, ¡maldita sea!, digo, se lavo la cara y tiene el cabello recogido. Pero de simple nada. Lo que mas me gusta de ella es su trasero. Me muero. No lo puedo ver pero pienso todo esto mientras ella dice que se ira y que eso será pronto. Ahora le he llamado a la mesera, Belinda quiere coca.



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