Que cuando no tienes nada no tienes nada que perder (así dice el Jefe
Bob Dylan), y ya desde entonces lo sabia y me arrojaba al precipicio
porque ya estaba muerto y nada me podía pasar en realidad, digo, que esas
eran como visiones efímeras que entonces tenia y al instante siguiente lo
vi descuidado en el patio o en la calle o donde sea que eso no lo
recuerdo, y entonces aquella vez la visión me hizo darle una buena patada
en el culo -y eso si fue literalmente darle x culo- y después echar a
correr cagándome de risa. Pero ya estaba muerto, porque cuando después,
otro día me encontró en la calle, me puso una agobiante desnaturalizada
múltiple desesperada animosa y tenebrosa madriza.
Y no fue la única vez, otro día, con otro cabrón enemigo mío, ya sabes,
que cuando andas de vago y de perro en la calle no faltan esos encuentros
demasiado cercanos y tal, digo, otra vez, igual me arroje al precipicio
heroicamente (ja) al cogerle de los cabellos (esta vez cara a cara y tal)
bajarlo y darle una golpiza, pero lo hice porque estaba descuidado,
aquella vez me fue bien, me cagaba de miedo es verdad, pero no volvió a
echarme desmadre más.
Me divertía en realidad.
Y sigo vivo ![]()
Y sigo sin tener nada que perder.
Que cuando no tienes nada, echas desmadre sin más.

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Cuando bellaCo era chamaCo tenia dientes filosos de perro. Eran dientes
chiCos pero filosos. Los usaba para arrancar la cáscara a las raíces que
encontraba. Cuando tenia hambre pasaba todo el día buscando raíces. Sus
dientes filosos le servían cuando hallaba alguna alimaña jugosa.
Aquella mañana sorbía los huesos de una lagartija cuando escucho al
tren que se acercaba. Lo dejo pasar absorto ante el escándalo y la
velocidad. Luego metió rápidamente las raíces en el guaje y echo a correr
tras el.
Cuando subió de un salto por la parte de atrás respirando agitado,
sofocado por la carrera y respirando con la boca abierta, el tren se le
cagó de risa en la cara. Se le reía de sus dientes de perro.
Era una risa interminable, inmensa, una risa de loComotora humeante
que, amigable, le contaGió insolente haciéndole reír de si mismo como un
loCo simpático y amistoso.
La locomotora y el. Riendo incesantes de sus dientes filosos de
perro.