Cogería la mano de la huesuda y se la besaría respetuosamente. Aquí
estoy tilica, soy todo tuyo, diría apresurado, cagándome de miedo, pero
fresco, gandalla y desbordado. De ese modo, estoy seguro, ella seria buena
conmigo. Me ahorraría el espanto, el terror, las visiones salvajes.
Respondiendo de la misma manera, me llevaría a echar un vistazo a esas
cosas tan increíbles que ella conoce tan bien. Me platicaría de
interesantísimos asuntos, de trucos fáciles para hurtar el cuerpo a la
arpía de voz-alarido que nos instala en el frío eterno. Al final, cuando
ya no quede tiempo, un beso de fuego le robaría antes de sentir pedazos
los huesos y destrozada mi jodida idea del mundo.

Dos referencias informativas imprescindibles estos días: