Estoy tan cerca de lograrlo que me muero.
El demonio, ese Estúpido Insolente, no podía seguir adelante. También se había lastimado. En el ultimo momento salte de aquel quinto piso como hizo el vejete alcohólico en aquélla vieja película de demonios y letanías. Salte con el Viejo Maestro dentro, confiando en que, por fin, de el me escaparía. Al despertar, una semana después, lo descubrí ahí tirado, en carne y hueso, a mi lado, con todo el esqueleto golpeado, en la más mugrienta cama del más miserable y apestoso hospital de la ciudad. Hacia días que había despertado y, al verme resucitar, casi se levanta alborozado. Tenia encantados a todos. No paraba de hablar de cómo se lo montaba el y de cómo nos lo pasaríamos todos ahora que nos aliviáramos, de puta madre, siempre decía.
Al tercer día ya se había cansado el de hablar, ellos de escucharlo, y solo esperaba poder largarse de ahí lo más pronto posible por lo que constantemente me preguntaba que cómo me sentía, que si ya estaba mejor y que me apresurara a aliviarme.
Jodeputa.