Nux fulguris

sábado de gloria

Estaban locos los cabrones. Salí de la estación allende del metro y caminé una calle donde pasaba el colectivo rumbo a tepito. Era un sábado especial porque terminaba la semana santa y se trataba del famoso-sábado-de-gloria. Y allí voy, quitado de la pena, despreocupado y tal rumbo a tepito ¡!

Resulta que arriba del colectivo, en medio de la gente y del calor, una señora va cerrando la ventana que estaba frente a mi, ella sentada, yo parado. La cierra y yo: “mugre vieja tarada que me muero de calor, abre esa puta ventana”, pensando por supuesto.

Una calle después sucedió: re-de-pente el colectivo aceleró y rápidamente se comenzó a acercar a donde estaban esos cabrones: más o menos nueve sujetos, a ambos lados de la calle, con cubetas llenas de agua, preparados y esperando al colectivo …se acercaban, se acercaban, se acercaban: auuuuuuuuuuu!

Jajajaja. Los cabrones arrojaron las cubetas de agua al vehículo. El calor, las ventanas abiertas: ¡bañaron a TODA la gente dentro!

Agradecí como demente a la señora que había cerrado la ventana frente a mi: fuimos de los que se salvaron: todo mundo escurría agua (seguro agua sucia, orinada, de coladeras y suciedades).

Al bajar del colectivo, calles adelante, no podía contener la risa, me cagaba de risa, todo era cómico e hilarante. Fue algo inesperado, saludable, jajajajajja.

Pinche gente esta loca.

El Principio de Exclusión de Pauli (visiones)

Tiene que venir algo más. Creo saber lo que viene. Lo sé perfectamente. Pero no se lo cuento a los demás. Podrían pensar que estoy loco. De modo que en su lugar, estoy elaborando la teoría de las cinco dimensiones de la relatividad, aunque realmente no creo en ella. Pero sé lo que viene. Tal vez se lo contaré en otro momento.
Wolfgang Pauli

de ladrones

La cosa estuvo así: llegamos a aquel antrito piojoso y lo encontramos cerrado. Alguien, nosequién, se arrimo a platicarnos que ese día no abrieron pero que el 3 de mayo se iba a poner de puta madre y nosequé. Entonces que se detiene un carro de granaderos policías o ese tipo de animales y que se bajan tres con todo el arsenal y uniforme de asaltantes y con sus carotas de rateros feos como la noche más lúgubre. Dijeron que era una revisión rutinaria y que no nos pusiéramos difíciles y ya estaban por ponernos la mano encima y que mejor dicen: “a ver, mejor saquen todo lo que traigan y pónganlo allí”, señalaron un rincón debajo de un árbol en plena calle donde estábamos. Lo sacamos entonces. Y que nos revisan y cuando el tira que me toco metió la mano en la bolsa donde estaba mi cartera que dice “a ver que trais allí, dije que sacaras todo” y que saco mi cartera y que sigue revisándome el maldito pero sin perder de vista mi cartera en mi mano izquierda.

Al principio me saque de onda, me dije: “a ver, ahora que te revisen a ver si no te encuentran algo comprometedor”, pero hace mil años que no me meto nada, ni cargo nada, y solo fumo cigarros fresas y eso. Así entonces, que nos hacen sacar todo y nos revisaron y cuando descubrieron una bolsita de gomitas “pandita” que tenia yo en la bolsa y acostumbro comer pues en ese momento uno de ellos le dijo al otro: “afirmativo afirmativo” y el otro rapidísimo que se acerca a inspeccionar el contenido de la bolsita y que me huele los dedos a ver si no olían a algo toxico y eso, je. Pero enseguida que me empieza a revisar de verdad y paso su mano por mi cintura por la parte de atrás del pantalón y que voy cayendo en la cuenta (que se me olvida el temor y que me da un coraje extremo) de que nos iban a asaltar y a quitar nuestro dinero. Eso era un hecho incontrovertible. Nos iban a chingar, si, maldita sea. Que me da coraje porque nada iba a poder hacer y si en cambio todo les iba a dar y hasta mi reloj y más. Uno de ellos, el que me revisaba estaba (como dijo mi colega, compañero de aventuras, mas tarde, cuando en lugar seguro estábamos): hasta la madre y tenia la cara de pasado seguro unas pastas y nosequé sustancias el maldito se había metido.

Al final, después de revisarnos por todas partes, el pasado con todo el dolor de su drogado corazón tuvo que dejarnos en paz, el otro ladrón se veía en sus cinco sentidos y a cada insistencia del maldito pasado de “afirmativo afirmativo” decía: “no tienen nada no tienen nada”.



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