Pauli sostenía que, en el nivel cuántico, toda naturaleza entabla una danza abstracta. Por otra parte, todas las partículas y cuantos elementales de energía se pueden dividir en dos grupos según el tipo de danza que ejecutan. Los electrones, protones, neutrones y neutrinos, junto con otras partículas, forman un grupo (y entablan una danza asimétrica), mientras el otro grupo incluye mesones y fotones de luz (y forma una danza simétrica). Resulta que, en el primer caso, la naturaleza de este movimiento o danza abstracta tiene el efecto de mantener las partículas con las misma energía siempre apartadas las unas de las otras. Sin embargo, esta exclusión de partículas de su espacio de energía no es el resultado de ninguna fuerza que actúe entre ellas ni es un acto de causalidad en el sentido normal, sino que se origina en la antigeometría del movimiento abstracto de las partículas como conjunto. Por lo tanto, el patrón fundamental de la danza entera ejerce un profundo efecto sobre el comportamiento de exclusión, lo que provoca que los electrones en un átomo se amontones en una serie de niveles de energía y hace que un átomo sea químicamente distinguible de otro. Es el principio de Pauli lo que provoca la riqueza química de la naturaleza y, sin ella, el universo entero parecería mas o menos monótono. Es la danza simétrica del principio de Pauli lo que funciona detrás de la intensa luz coherente del láser, al igual que los superfluidos y la superconducción. La danza antigeométrica del principio de Pauli libra una batalla constante contra la fuerza de gravedad y las distintas etapas de esta batalla dan como resultado el derrumbamiento de una estrella durante las fases de la enana blanca, de la estrella de neutrones y del agujero negro.Peat, F. David.
Sincronicidad.
Editorial Kairós, Barcelona, 1987
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hola
10 October 2008 a las 19:44