Hay días buenos y días malos. Hay días que simplemente son días y en los cuales
ni siquiera te preocupas o piensas en ellos. Hay días en los que te esta llevando la mierda y no puedes sino seguir adelante, precis@, bebiendo sin parar botella tras botella o metiéndote por las venas, incansable, cantidades industriales de droga. Hay días que no. Amanece, despiertas, y te estiras
como gat@ satisfecho. Entras al baño, sales, comes algo, cualquier cosa, y al instante siguiente te descubres arriba de un colectivo mirando a la gente en las calles. Y todo aparece
cálido e inofensivo, justo como una canción de Bob Marley. Te das cuenta que las cosas no pueden estar tan mal cuando es posible sentir que todo marcha como una dulce y tibia canción de ese maldito negro jamaiquino.
Digo, así me sentí hoy, temprano, por la mañana, cuando decidí que el día estaba de puta madre y en la radio pusieron (si, estaba arriba de un colectivo) esa rola que dice que quiere amarla todo el día y toda la noche y que estarán juntos y decidí que ahora las cosas estaban mejor y que no seria yo quien cambiara la estación bajara el volumen o gritara ¡ya quiten a ese cabrón y pongan otra cosa!
Aj