Supongo que has tenido momentos en la vida que te han dejado así como sintiéndote realmente vivo y en realidad disfrutando plenamente del momento. No hablo de las noches en que follas como conejo y te sientes de puta madre, me refiero a situaciones vitales que se presentan espontáneas y en donde tu eres figura principal.
A mi me ha sucedido algunas veces. Una que recuerdo fue cuando andaba como demonio con mis compas de la secundaria (hace miles de años) en la segunda sección del bosque de chapultepec y todos íbamos en bicis subiendo las colinas y bajándolas súper veloces. La historia es larga, pero todo culminó cuando bajamos a toda velocidad la súper colina mas pronunciada y se me fueron las cabras (y perdi el control) y el cielo era azul intensísimo y todo estaba lleno de luz y entonces corrí a reunirlas de nuevo (a las putas cabras) y baje la colina a más de mil y perdí el control, digo, de la pinche bicicleta y resulta que por la colina tambien bajaban coches a toda velocidad, (si, íbamos ahí maniobrando en una vía de alta velocidad en lugar de hacerlo en las áreas reservadas para los ciclistas) y perdí el control y bajé como demonio y me caí y rodé colina abajo con todo y bici y me rompí la madre totalmente (eso parecía) y un coche me atropelló y quede hecho polvo hasta debajo de la colina y todos mis compas de las bicis (éramos como siete) bajaron aterrados a ayudarme y el del coche que me había aventado tambien se bajó y todos estaban peor que yo porque yo me levanté sin mas y no me había pasado nada sino nadamas puros raspones en el brazo y en las piernas y en la cara toda raspada y el puto susto pero de peligro nada y solo la bicicleta quedo desmadrada y chueca. Todos me miraban súper asombrados porque ahí estaba yo desenfadado y muerto de miedo pero caminando y con vida múltiple. Uaaa. Después anduve de presumido, contando la historia a todo mundo.
Lo que me gustaba mas era correr y ocultarme. En las competencias de niños corría y me impulsaba con la mano derecha haciendo como un torbellino. Así ganaba todas las carreras. Me gustaban los días de festival porque comía cosas, había puestos de comida y tiendas y me compraba tacos y me los comía solo. Un día me caí escalera abajo por ir corriendo. Rodé los escalones. Contaban que en los salones derrumbados de la parte vieja de la escuela asustaba el diablo. Cuando era la hora de la salida me iba caminando a mi casa por las calles de la colonia. Pero ya me había comprado enchiladas con la señora negrita de culo enorme. Algo esencial para mi es la comida. Años antes mama nos dejaba con una señora que nos cuidaba y las horas de media tarde se nos hacían eternas, hasta que mama llegaba e inmediatamente nos daba comida, son los recuerdos mas cálidos que conservo de esa niñez lejana. MI papa el alcohólico se había ido y la vida comenzaba a ser menos violenta. Corríamos en el recreo a ocultarnos y yo era el que mejor se ocultaba.
El juego consistía en reunirnos todos, luego uno, El Elegido, contaba una numeración eterna mientras los demás corríamos a ocultarnos, había dos patios enormes y llenos hasta el tope de niños, era la hora de recreo. Entonces corríamos al otro patio y nos ocultábamos detrás de los árboles o detrás de los niños. Justo entrar al patio para encontrarse con el pasillo ese que conducía a los salones, mas allá estaba el patio. Entonces yo solía hacer trampa y no me ocultaba, bueno, me llegaba al otro patio y al corredor y me sentaba justo a lado de una de las primeras columnas, justo en la entrada al patio, confundiéndome entre los niños que comían cosas y platicaban y nada mas ahí se estaban. El Elegido nunca me encontraba. La entrada al patio era el mejor escondite del mundo mundial, el ponerme frente a sus narices: entonces El Elegido se llegaba al patio donde todos estábamos ocultos, miraba por sobre la cabezas y comenzaba a distinguir en la lejanía figuras ocultas detrás de los árboles, detrás de los otros niños. Y nunca imaginaba que yo estaba ahí frente a el, a lado de el, fingiendo ser un niño cualquiera que no participaba de sus juego ni tampoco le conocía ni temor sentía de ser encontrado: ¡ah, te encontré te encontré ahora TU eres El Elegido!

Cuando iba a la universidad no me gustaba cortarme el cabello y casi iba de jipi y todo hecho polvo mugroso y apático a las buenas costumbres porque ni me bañaba y si era un piojoso con mis libros de Rimbaud y Verlaine y Cortazar y demás compadres y no salía de la biblioteca y platicaba con mis colegas acerca del ejercito zapatista de liberación nacional y de la corrupción y fumaba mariguana y no me cortaba las uñas ni tampoco me rasuraba frecuentemente, tenia una novia mugrosa igual que yo y aullábamos rolas de santa sabina y de rock mexicano y caminábamos el tianguis del chopo y nos gustaba rockdrigo y otros iguales y tambien leíamos a Jose Agustín y a Parmenides Saldaña y por supuesto que éramos fanes de Bob Dylan y de Janis Joplin y de los Doors y de Todos Los Colegas Drogados, no teníamos dinero y de todos modos ahí andábamos todos miserables y desmadrados con ideas mensas acerca de La Vida y de Sus Consecuencias mas inmediatas, íbamos a marchas y una vez nos juntamos con unos colegas que organizaron una huelga que cerró por dos meses la universidad, las canallas habían tomado por asalto las instalaciones y las cerraron y se quedaron a vivir ahí y nosotros con ellos y en las noches de luna recorríamos todo el campus y los salones vacíos y los corredores y estabamos felices porque no habia maestros ni clases ni tareas ni obligaciones todas agobiosas y hacíamos fogatas y nos dormíamos en cualquier lado y comíamos lo que hallabamos y ni nos importaba el día siguiente ni el día actual ni nada acerca de ese tema aburrido y pasado de moda.
Pero ya no. Ahora es el 2005. Ahora tengo un blog.